Miro por la ventana desde la cama de la habitación del hostal en La Latina y veo un edificio típico madrileño, con sus balcones y sus macetas. Y todavía no me creo que ya esté aquí, en Madrid, en el ‘campamento base’ para planificar lo que me gusta llamar como ‘el viaje de mi vida’. A veces me pregunto qué hago aquí, y no lo digo en un modo despectivo, sino de manera reflexiva. ¿Qué me hizo dejarlo todo atrás por un tiempo, agarrar unas maletas e irme? Supongo que la respuesta es esa ‘maldita’ voz que no para de decirte ‘¡hazlo!’, y aunque intentes callarla, no lo hará hasta que te lances y lo hagas. Podríamos llamarle instinto, intuición o ganas. Pero el caso es que algo dentro de mi llevaba años gritándome que lo hiciera: que me fuese por un tiempo a descubrir mundo y a descubrirme a mi. He soñado mil veces con ello, he imaginado tantas veces como sería todo. Escribiendo en libretas a dónde me gustaría ir, pasando horas aprendiendo sobre los lugares, de como llegar a cada sitio, de cuánto cuesta cada cosa. Y a pesar de que me dan pánico los aviones y a pesar de que tengo casi toda mi vida en Gran Canaria, las ganas pudieron más. Como dice una estrofa de esa canción de Bebe que tanto me gusta: “me fui pa’ echarte de menos, me fui pa’ volver de nuevo, me fui pa’ estar sola. Me fui porque estaba tan cerca, casi tan cerca que no puedo ver lo que tengo cerca de mis ojos”. Siempre era yo la que recibía en mi isla a quienes venían de fuera, y me encanta, pero quería saber lo que se siente siendo yo la extranjera, y también me apetecía echar de menos mi tierra y a mi gente, porque pienso que a veces viene bien alejarse para aprender muchas cosas de ti misma y de lo que de verdad importa y lo que no tanto. Quería tener la sensación de tener solo un billete de ida.

Pasé miedo en el avión, aunque he de admitir que fue un viaje tranquilo y tuvimos buen tiempo. Pero para mi ir en avión es como para un aracnofóbico encerrarle en una habitación llena de arañas, creo que es la mejor explicación que puedo dar para que entiendan mi miedo. Solo me siento segura cuando salgo del avión. Pero no puedo describir lo que sentí cuando las ruedas tocaron tierra, y pensé: ¡ya está Cris, lo has hecho! Sentí un gran alivio, tras los nervios de los días anteriores, me sentí muy orgullosa de mi misma por haberme atrevido. Y cuando el bus express nos llevó hasta el centro y miraba a mi alrededor, ese sueño que tantas veces imaginé, ya era una realidad que estaba empezando a suceder.

De Madrid me sorprenden muchas cosas y eso que solo llevo dos días. Me sorprende que se beban agua del grifo. Que incluso de noche haga un calor sofocante porque aquí no corre la brisa del mar. Me sorprende que pidas una cerveza y te pongan comida de acompañamiento como para saciarte. Me sorprende que no hay cucarachas en ningún sitio que yo haya visto aún, a pesar del calor que hace. Me sorprende la cantidad de gente que hay, y de todas las nacionalidades y que todos se respetan entre sí, caminando cada cual por su rumbo, sin mirar como nadie va vestido, su orientación sexual, ni sus maneras. Me sorprende que todos los trabajadores y trabajadoras con las que he tratado tienen una gran sonrisa en la cara y parecen muy contentas en su trabajo, y eso que se supone que es una ciudad estresante. Me sorprenden los aspersores de las terrazas que más que rociarte parece que te duchan. Me sorprende lo grande que es todo y que parece no tener fin el territorio, porque una canaria sin mar no se ubica del todo.

Tras muchas horas de reservas de asientos de transporte, de alojamientos, de comprobar que todas las fechas encajan, de pelearme con las máquinas o las páginas cuando algo no funcionaba; horas de aprender lo que puede ofrecer cada ciudad y qué preferimos visitar y que descartamos, horas de medir distancias entre estaciones y alojamientos a ver si nos daría tiempo de llegar a tiempo (valga la redundancia)…mañana comienza el ‘gran viaje’, todo por tierra, cuarenta días seguidos, hostales, trenes, flixbus, idiomas diferentes, monedas, gastronomía, culturas, y muchos lugares por descubrir. Se me parece al ‘Gran Tour’ que estudié durante la carrera de Turismo. Un periplo por Europa como tiempo sabático cuando aún eres joven, antes de echar raíces en algún lugar. Estoy deseando que sea mañana ya, y madrugar para ir al primer destino: París.
