Duodécimo destino….Florencia!*

Cogimos la guagua esa misma tarde, tras la visita express a Venecia, en la estación de Tronchetto para llegar por la noche a Villa Costanza T1. Es la estación que ha estado más alejada de la ciudad donde íbamos a dormir. Así que tuvimos que coger un tranvía nocturno que tras media hora nos alcanzó hasta la ‘Stazione Santa Maria Novella’. Dejamos las maletas en el hostal, que estaba a pocos pasos de la estación y fuimos a cenar a la ‘Trattoría Nerone’.

‘Comune di Firenze’

Vale, ahora si que sentía que habíamos llegado a la Italia profunda. Parecía que nada más pisar Florencia te sentías una italiana más. Y de repente querías comer pizza y pastas de todo tipo, y te veías gesticulando con la mano levantada siempre diciendo frases como ‘quale cosa?’ con un acento exageradamente italiano que no te corresponde. Pero es que el espíritu italiano te invade desde que pisas Florencia. Y sí, Pisa está en Florencia, pero al final decidimos no ir porque un edificio inclinado tiene menos gracia que un paisaje natural sin igual. Pero eso ya lo contaré más adelante.

Viva L’Italia!

Nuestro hostal molaba muchísimo. Las paredes estaban decoradas con representaciones del arte italiano, había imitaciones de esculturas famosas, un patio exterior al estilo italiano total y un desayuno rico, con una camarera muy simpática que siempre bromeaba con nosotras. La habitación compartida tenía un techo altísimo casi celestial, y las literas eran de metal blanco, antiguas. Me recordaban a un orfanato. Además de las huéspedes humanas, había pequeñas huéspedes en los colchones llamadas chinches de cama que le dejaron picaduras a Yesi en las piernas y los brazos. A mi por ahora no me han picado, tuvieron suficiente banquete con ella.

Paredes del hostal simulando fresco de la Capilla Sixtina

El primer día entero en Florencia lo aprovechamos para visitas culturales. Visitamos desde fuera la Catedral de Santa María del Fiore y el Duomo. Debo decir que fue impresionante. Vas callejeando y de repente ves la cúpula y mientras te vas aproximando alucinas porque son tan bonitas y lineales sus formas, que el edificio parece un dibujo trazado en el cielo. También nos encantó el ‘Ponte Vecchio’ sobre el río Arno y los ‘Spaghetti Cacio e Pepe’ que nos comimos en un restaurante a orillas del mismo. No entramos a ninguno de los típicos museo porque las colas eran interminables y los precios para saltárselas, desorbitados; y porque no somos turistas sino viajeras y no queríamos estar apretujadas en museos ‘mainstream’. Así que en su lugar fuimos al tranquilo y entretenido Museo de Leonardo Da Vinci, donde además te dejaban tocar todo e interactuar con los inventos.

Quale cosa!…Bellisimo!
‘Ponte Vecchio’ sobre el Río Arno
Museo de Leonardo Da Vinci

El último día en Florencia teníamos pensado ir a Pisa, eso ponía en el ‘planning’ que habíamos hecho. Pero como somos muy de cambiar de plan e improvisar, en vez de eso alquilamos un Fiat 500 cabrio azul marino y nos fuimos como ‘Thelma y Louise’ pero hacia la Toscana. Sonará peliculero, pero pónganse en situación: subidas en un Fiat 500 descapotable, el cielo despejado, el sol y el viento dándonos en la cara y alborotándonos la melena, un paisaje asombroso, y en la radio comienza a sonar Tiziano Ferro – ‘La differenza tra me e te’. ¡Que momentazo! ¡Que sensación de libertad!

Sensación de libertad
La Toscana

Tratábamos de encontrar los paisajes de esa película que seguramente todas habrán visto. Condujimos a través del Val d’Orcia, Montepulciano, Montalcino; y llegamos hasta Cortona, el pueblo donde se grabó la película de ‘Bajo el sol de la Toscana’. Un pueblo precioso y muy auténtico con unas vistas increíbles. Encontramos la casa de la película y aparcamos en la misma entrada. La Villa Bramasole, y descubrimos que se puede alquilar vacacionalmente por un módico precio de entre 14 mil – 24 mil Euros por semana, no entiendo cómo no hemos ido aún (jaja).

Vistas desde Cortona
La Villa Bramosole donde se grabó la película

Me atreví a conducir por las carreteras secundarias de la Toscana pensando que serían más tranquilas que las autovías, pero comprobé que los italianos conducen de forma loca y agresiva incluso en el campo, por lo que no fue una conducción muy relajante que digamos. Eso sí, vimos viñedos, girasoles, cipreses que guiaban el camino, otros apiñados y sin nada alrededor. Calles empedradas estrechísimas por las que a veces era imposible pasar en coche, y teníamos que dar marcha atrás intentando no rozar el coche con ninguna casa, mientras una italiana nos gritaba las indicaciones para no chocar. Una experiencia toscana total.

Conduciendo el Fiat 500 cabrio
Impresionante paisaje de La Toscana
Los girasoles no podían faltar

De Florencia me llevo grandes recuerdos de paisajes y lugares que se me quedarán para siempre grabados en la retina, y otro recuerdo que me enviaron un mes después de volver de allí y que pienso enmarcar y guardar como souvenir: una multa de aparcamiento de la ‘Polizia Municipale – Comune di Firenze’. Se ve que no entendimos bien las señales (jaja).

Esta cara de felicidad fue obviamente antes de recibir la multa (jaja)
 Piacere di averti conosciuto, Firenze!
Literalmente: Bajo el sol de la Toscana ^^

Undécimo destino….Venecia*

De nuevo nos subimos a otra guagua para cambiar de país. Y estoy emocionada porque es uno de los países que sin duda estaban en mi lista de los que deseaba visitar alguna vez en mi vida: ¡Italia!

El primer destino dentro de Italia fue Venecia, pero realmente solo hicimos una escala de pocas horas ya que nos quedaba de camino viniendo desde Liubliana. Básicamente fuimos a almorzar y a dar una vuelta por sus callejuelas estrechas rodeadas de canales. El Puente de Rialto, el Gran Canal de Venecia y a lo lejos la Plaza de San Marcos, a la que no fuimos porque hacía demasiado calor e íbamos demasiado cargadas.

El Gran Canal de Venecia

Llegamos a la estación de guaguas de Tronchetto y nos subimos con todas las maletas y bolsas en el ‘People Mover’. Sí, así se llama, no se complicaron mucho para el nombre. Es una especie de tranvía que va sobre un puente y cruza el puerto de Venecia hasta llegar a ‘Piazzale Roma’, para poder visitar el centro de la ciudad.

Ponte della Costituzione

Como íbamos muy cargadas, pregunté en el punto de información turística por alguna consigna donde dejar las maletas, y la señora nos señaló hacia una empresa que estaba muy cerca, asegurándome que era la más barata de la zona. Así que, allí fuimos y resulta que eran cinco euros por bulto; y por bulto entendían hasta una pequeña bolsa con algo dentro. Tras la negativa para negociar el precio de la bolsa y su intento de timarnos, solo dejamos las maletas grandes y decidimos cargar con la bolsa y las mochilas.

Escalones para arriba, escalones para abajo

Comimos en la terraza de un restaurante típico veneciano, con vistas al canal y al trasiego de barcos de todo tipo, desde taxiboats hasta lujosos yates. De fondo oíamos gaviotas que parecían reírse de todo lo que decíamos; y ese idioma que tanto me gusta.

Comiendo con vistas al Gran Canal

Ya se empezaba a notar la esencia italiana, aunque el norte de Italia se parece más a la Europa Central. Y espero que nadie se ofenda pero Venecia me pareció “poco italiana” y poco auténtica, algo que ya me imaginaba antes de ir. No me malinterpreten, es bonita y siempre me había dado curiosidad ir, pero es como un gran parque de atracciones para turistas. Es el típico destino en el que el turismo masificado se ha cargado parte de su esencia.

Los taxiboats siempre llenos de turistas apretuñados y los paseos en góndola a precios desorbitados. Escalones para cruzar todos y cada uno de sus muchos puentes, turistas cabreados y sudando, subiendo sus maletas por esos incómodos escalones. Pero hasta en eso han pensado para sacar dinero, y hay personas que se dedican a cargar las maletas de los turistas hasta su hotel. Estando allí me preguntaba cómo visitaría una persona con poca movilidad una ciudad así.

Gondolero ‘Aladdin’ (jaja)

Está claro que Venecia tiene su encanto, pero ese encanto se ha exagerado de tal manera que cuando llegué allí no me pareció ni romántico, ni que fuera para tanto, y las horas que pasamos me parecieron suficientes.

Aunque no lo parezca, Venecia también me gustó, eh

De las cosas que más me gustaron fueron las máscaras del Carnaval de Venecia, las callejuelas estrechas, los lugares religiosos tradicionales que te encontrabas de repente sin esperarlos en medio de un sitio tan ‘hecho producto’, los gondoleros agachándose al pasar por puentes bajos, y una preciosa gata a la que saludamos mientras disfrutaba de su terraza particular.

Nos encontramos a una ‘bella gattina’

Mientras comíamos mirando al Gran Canal me imaginaba que en cualquier momento podía ocurrir aquella escena sobre el robo de la caja fuerte y la persecución en barco de la película ‘The Italian Job’. Son tantas las películas que se han rodado aquí; ‘El Talento de Mr. Ripley’ , ‘The Tourist’ y un largo etcétera. Sin duda, es una ciudad de cine.

Preciosas máscaras del Carnaval de Venecia

Tras aquella visita fugaz, descansamos un rato en el ‘Giardini Papadopoli’ y volvimos a Tronchetto para coger la guagua de nuevo, pero esta vez hacia la Italia profunda. ¡Arrivederci Venezia!

¡Arrivederci!

Décimo destino…¡Liubliana!*

Otra vez los múltiples controles fronterizos, que hay que pasar si vas en guagua y que evitas si vas en tren. En medio de una dormilona en la guagua te despiertan con el micrófono: “passport control, passport control”. Y nos bajamos con cara de recién despertadas para pasar por la policía aduanera y enseñarles nuestro pasaporte: “¿España? ¡Ah, pasen!”. Y vuelta a subir a la guagua para bajarnos unos metros más adelante de nuevo. La primera vez por la salida de un país y la segunda por la entrada en el otro. ¡Y por fin llegamos a Liubliana!

Pasando la frontera de Eslovenia

Nuestro hostal estaba ubicado en el barrio de Metelkova, un lugar artístico y transgresor; con un espíritu indomable y ‘underground’. Actualmente funciona como un centro cultural autónomo dividido en los diferentes edificios de lo que antes fue el cuartel militar del ejército esloveno de la antigua Yugoslavia. Los punkies y hippies en sus terrazas, te miraban al entrar por el barrio como si fueses una ‘forastera’ y te sentías casi culpable de ser ‘turista’ porque estaba lleno de carteles indicando que no sacaras fotos donde aparezca gente de allí. Desde luego al entrar en ese barrio te trasportabas a otro ambiente. De hecho, el hostal donde nos quedamos fue una antigua cárcel Yugoslava. Toda la historia que vivieron esas paredes y calles le dan un carácter especial a la zona.

Metelkova
‘Todos los gatos son preciosos’ (miau)

Al día siguiente, ya más descansadas, fuimos de excursión al Lago Bled. Se trata de un lago glaciar de los Alpes Julianos. Viéndolo desde la altura del lago es bonito, pero verlo desde alguno de sus miradores es espectacular. Y como no queríamos perdernos esas vistas, y a pesar del calor que hacía, hicimos la ruta de senderismo hasta el mirador de Ojstrica. Llegamos fatigadas a la cima pero cuando te acercas al banco de madera y levantas la vista es uno de esos momentos en los que crees que estás mirando una postal, por estar contemplando un paisaje tan fotogénico: “¡guau!” – es lo único que te sale decir.

Lago Bled desde abajo
Cabaña frente al lago
Lago Bled desde el mirador de Ojstrica

Ese mismo día al llegar al hostal empecé a tramar una de las mías. Ya desde el día anterior, ojeando los folletos de atracciones turísticas y actividades que hacer por la zona me había picado la curiosidad con una de las actividades. Combinaba naturaleza y un toque de aventura/peligrosidad intrigante. Así que investigando mucho por Internet, esa misma noche lo reservamos para el día siguiente, hablando con un chico experto que se dedicaba a ello. Sus palabras fueron: “mañana a las 13:00h en Markovec, 15A” Y con el mismo misterio que él lo dijo, yo les dejo intrigadas a ustedes hasta próximos párrafos.

Si quieres descubrir el misterio, sigue leyendo…

Al día siguiente nos esperaba un gran recorrido y una aventura, porque al fin y al cabo, no sabíamos cómo llegar a esa dirección que nos dijo. De hecho nos especificó que la única manera de llegar era en coche o taxi. Pero como si oyésemos llover, de cabezotas, cogimos un tren hasta el pueblo más “cercano” en el que podía dejarnos: Rakek. Desde allí a nuestro destino todavía había una distancia de media hora en coche. Además se trataba de un diminuto pueblo solitario, en el que nadie parecía ayudarnos demasiado. Así que decidimos caminar un poco más y encontramos un restaurante familiar. Entramos por probar suerte y tomar algo porque hacía mucho calor. Y fue lo mejor que hicimos. El chico joven de la barra se esmeró mucho en buscar todas las posibilidades para llegar hasta esa dirección. Finalmente Nina, una de las empleadas, se ofreció a llevarnos en su coche por la mitad de precio de lo que costaría un taxi. Accedimos, por supuesto, parecía una chica de fiar y sinceramente, tampoco teníamos muchas más opciones. Así que azotadas por un golpe de suerte, media hora después y tras un ameno paseo en coche llegamos a ‘Markovec, 15A’. Le pagamos lo acordado a Nina y bromeábamos con darle una puntuación de cinco estrellas por haberse sentido como una conductora de Uber.

Markovec, 15A

Aleluya, por fin estábamos en esa dirección. Era una casa enorme, un hostal – pensamos; con restaurante – deseamos. Pero no, ya no había restaurante. Nos acercamos a lo que parecía ser el restaurante y había dos señoras comiendo que nos miraron asombradas. Rezando para que supieran inglés, les pregunté desde lejos -por si acaso saliera alguien con la escopeta por entrar en su territorio (si, he visto muchas películas del oeste) – si había un restaurante allí y se echaron a reír.

En la planta de abajo, el antiguo restaurante del hotel, y una de las señoras que nos ayudó

Me dijeron que antiguamente fue un restaurante pero que ahora era una casa de alquiler privado y que la cocina era solo para los huéspedes. Le dije que veníamos a ver a Miha, y enseguida les cambió la cara. Nos invitaron a sentarnos a la sombra y a beber algo. Y creo que debieron notar nuestra cara de hambre mirando el plato que comían ellas, porque al rato nos invitaron a comer a la mesa. Así que allí estábamos, en un pueblo rural de Eslovenia, en una casa sin vecinos cercanos, con unas desconocidas, comiendo pescado de río recién pescado, ensalada al estilo eslovaco y chocolate de postre. Sin entender cómo podíamos haber tenido tanta suerte, y sin tener ni idea de como volver al hostal cuando la aventura acabase, pero entusiasmadas.

Contenta por el golpe de suerte y deseando empezar la aventura

Tras esa comilona y una conversación con la encantadora familia, que por cierto conocían y adoraban las Islas Canarias y España, apareció el famoso Miha y fuimos con él para comenzar la aventura. Subimos al 4×4 nosotras y una pareja italiana, y tras media hora por carreteras estrechas y caminos de tierra llegamos al bosque profundo. Llegamos un poco mareadas porque corría bastante y frenaba de repente en las curvas, pero la emoción podía más que el malestar. Y empezó la caminata, solo eran unos cinco minutos andando. La tierra empapada por la lluvia del día anterior con charcos, y ya nada más empezar; pisadas. Los pelos de punta al ver pisadas recientes de oso por el mismo camino que tu pasas ahora. Y te preguntas si podrían salir en cualquier momento y tu ahí, desprotegida. Es una sensación de adrenalina y emoción. Teníamos que ir en total silencio.

Pisadas recientes de oso pardo

Después de la pequeña caminata, ya estábamos a salvo, nos metimos en cabañas de madera algo elevadas en medio del bosque, con pequeñas ventanas y agujeros para las cámaras de foto. Se trataba de hacer observación y caza fotográfica de osos pardo en libertad. No se me ocurría nada más emocionante que eso. Miha nos encerró en la cabaña y dijo que no saliésemos bajo ningún concepto hasta que él avisara. La cabaña en silencio. Mirando al horizonte expectantes. Los pajarillos cantando. Cualquier pequeño ruido era una esperanza de que aparecieran, pero no, se hacían de rogar. Esa es la belleza de la naturaleza, que todo sucede de forma libre. No es como un zoológico al que vas y sabes que los pobres animales están allí encerrados a todas horas contra su voluntad. Nosotras éramos las intrusas allí, estábamos en su hábitat natural, y podían aparecer o no.

Dentro de la cabaña, expectantes, con la cámara preparada

Tic, tac, tic, tac…pasaban los minutos, las horas y la esperanza iba menguando. ¿Aparecerán? Seguro que sí, pero a lo mejor hoy deciden ir a comer a otra zona. Permanecíamos casi sin parpadear y mirando a todas las esquinas de la cabaña. Silencio, nervios, intriga. Y de repente todos los pájaros vuelan a la vez huyendo de algo, y se oyen las grandes pisadas de los osos galopando hasta estar frente a nosotras, a unos metros a penas. La familia oso, la madre con sus tres crías. No puedo describir lo que se siente en ese preciso momento en el que los osos aparecen. Y quieres gritar de emoción pero no puedes. Te tapas la boca, abres los ojos a tope y sonríes flipando con el espectáculo natural que tienes delante de tus ojos. Cuatro osos comiendo a escasos metros de ti, durante casi una hora. Escuchas su mandíbula mordiendo, sus dientes chocando. Escuchas sus pisadas. Observas sus movimientos rudos, sus graciosas patas, su pelaje. Yo al no tener una cámara reflex, estuve casi todo el tiempo observándoles directamente, con mi cara metida en donde deberían ir los objetivos de las cámaras. Quería verlo así, sin ventanas de por medio. Cuánto más natural mejor. Y puedo decir, que literalmente, un oso me ha mirado a los ojos, porque cuando empezaban a sacar fotos hacían ruido y los osos nos miraban en alerta. Cualquier ruido les asustaba, ya fuese un pájaro, alguna pisada que creían oír, o las cámaras de foto. Hubo un momento en el que se pusieron todos de pie, fue alucinante, son unas bestias muy adorables. Sin duda es una de las experiencias que voy a recordar toda mi vida. Fue algo mágico, un contacto directo con la naturaleza.

Por aquí me asomaba para verles directamente
Los osos nos miran
Espectacular cuando se ponían de pie

Después de tal experiencia bajamos todos en el 4×4 nuevamente hacia la casa en Markovec. No teníamos ni idea de cómo íbamos a llegar a Liubliana, y ya estaba atardeciendo. Pero no importaba, habíamos visto osos en libertad, y no podíamos hacer otra cosa que alucinar y sonreír y volver a ver los videos y las fotos para creerlo. Pero tuvimos otro golpe de suerte, y la pareja italiana tenía coche y se estaban alojando en Liubliana, así que nos alcanzaron hasta allí.

Río Ljubljanica

Era la última noche en Eslovenia, y realmente no nos había dado tiempo de visitar su capital. Así que aunque fuese de noche, dimos una vuelta por Liubliana. Vimos el Puente de los Dragones, el Castillo de Liubliana iluminado a lo alto de la colina, y el río Ljubljanica. Una ciudad preciosa, con mucha vida nocturna y un ambiente agradable. Eslovenia fue uno de los grandes descubrimientos de este viaje. La joya de los Balcanes.

Puente de los Dragones

Noveno destino…Zagreb!*

Croacia fue el primer país que visitamos de lo que fue la antigua Yugoslavia. Son países que me parecen muy interesantes porque debido a su pasado conflictivo más o menos reciente, no están tan explotados turísticamente y tienen esa mezcla entre lo tradicional y la modernidad de la Unión Europea.

Glavni Kolodvor – Estación Central de tren de Zagreb

Zagreb como capital es sencilla pero bastante bonita para visitar. Además de las típicas atracciones a visitar como pueden ser Iglesias o Catedrales, tiene elementos muy curiosos y divertidos como túnel de Gric, el mirador del funicular, o el museo de las relaciones rotas.

“Lo que pasa en Zagreb, se queda en Zagreb”

Sí, sí…han leído bien, el museo de las relaciones rotas. Solo hay dos en el mundo, uno en Los Ángeles y otro en Zagreb. Fue uno de esos sitios que ya solo con oír el nombre sabía que tenía que ir. Y de hecho la visita fue muy inspiradora. El museo trata básicamente de objetos expuestos acompañados de las historias reales sobre rupturas que esconde cada uno. No se trata de historias sobre rupturas como lo contaría la prensa rosa, sino en un sentido emocional-creativo, y sobre todo tipo de relaciones. Algunas historias al leerlas te eran indiferentes pero otras te ponían la piel de gallina al instante. Leer una historia real escrita por la persona que lo vivió y luego mirar al objeto original, protagonista de esa historia justo delante de ti es muy emocionante. A pesar de ser personas anónimas quienes lo relataban, el objeto es el verdadero protagonista; o mejor dicho, la historia que vivió ese objeto. No les voy a hacer un ‘spoiler’ por si algún día van a ese museo que recomiendo mucho, pero de verdad había historias que sobrecogían. Rupturas de relaciones amorosas, de amistad, familiares, alimenticias o incluso consigo mismas.

Museo de las Relaciones Rotas

El túnel de Gric es un misterioso túnel peatonal de 350 metros de longitud que fue construido durante la Segunda Guerra Mundial para protegerse de las bombas enemigas. Más adelante, cuando terminó la guerra empezó a utilizarse como lugar para celebrar fiestas rave. Y actualmente es un lugar para visitar y pasar de una zona de la ciudad a otra de manera subterránea. Tiene un aspecto bastante tétrico que recuerda a las películas de terror, por eso no dudé en sacarme fotos imitando a la niña de ‘The Ring’, porque mi pelo se presta mucho a ello. ¡Doy miedo!

Túnel de Gric y yo metida en el papel de ‘The Ring’

La Iglesia de San Marcos, de estilo medieval, también me encantó por como tenía cada teja pintada de un color para formar la bandera de Croacia y su escudo en el tejado. Me parece una Iglesia muy original y pintoresca que me hacía ilusión visitar. También las vistas desde el mirador del funicular eran geniales y tenían ese paseo muy bien montado con elementos divertidos y decorativos que animaban a la gente a participar. Como por ejemplo una ventana que mira hacia Zagreb o carteles con frases ocurrentes. Después para bajar a la zona más llana de la ciudad cogimos el funicular antiguo con mucha emoción por la gran bajada que suponía con esas vistas; una emoción que duró segundos porque es lo que tarda en llegar abajo, pero aún así valió la pena. Hasta pensamos en repetir. Total, solo costaba cinco Kunas, que es la moneda de Croacia. Y un Euro son aproximadamente siete Kunas, así que sabíamos que era menos de un Euro el trayecto. En pocos días nos hicimos expertas en calcular esta nueva moneda, la Kuna.

Iglesia de San Marcos
Mirador del funicular
50 Kunas
Bajada en funicular

Croacia además de ciudades bonitas tiene muchas zonas naturales preciosas. Desde que planeamos ir a este país, apuntamos ir a ver cascadas. Primero pensamos en las de Krka porque en esas son las únicas en las que se permite el baño, pero nos quedaban demasiado lejos. Así que como alternativa visitamos el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, una reserva forestal con dieciséis lagos y numerosas cascadas. La visita incluía un trayecto en vehículo panorámico hasta llegar al punto de partida de la ruta y un paseo en barco eléctrico por los lagos. Aunque la mayor parte de la ruta que elegimos nosotras se hacía andando por caminos de madera o zonas de tierra. Oír y ver el agua caer con esa fuerza, era relajante a la vez que palpitante.

Parque Nacional de los Lagos Plitvice
Caminos de agua y caminos de personas
Cascadas de los Lagos Plitvice

Croacia es un destino que desde luego vale la pena visitar, sea cual sea tu tipo de viaje: de aventura, de playa, cultural, de naturaleza, etc. Es un país que sorprende. Si la visitas te quedarás a cuadros -en el buen sentido- como el escudo de su bandera.

Bandera de Croacia

Octavo destino…Bratislava!*

En Eslovaquia estuvimos poco tiempo, tan solo día y medio pero muy bien aprovechado. El primer día como llegamos por la tarde y estábamos cansadas de tanto trayecto desde Polonia, tan solo hicimos una pequeña compra, cenamos y planeamos lo del día siguiente.

Torre de San Miguel

El único día entero que pasamos en Bratislava fue muy fructuoso, aunque empezó la mañana de manera triste para nosotras ya que nos llegaban noticias de que nuestra isla, Gran Canaria, se estaba quemando con varios grandes incendios activos al mismo tiempo y sin medios suficientes. Fue una noticia que nos derrumbó completamente cuando ves imágenes tan devastadoras de tu tierra, y no es por sonar poética, pero de verdad que ahora lo puedo decir habiéndolo vivido en mis carnes: “verlo desde lejos duele más”. Yo siempre me las doy de que nunca lloro y quien me conoce lo sabrá que no soy de llanto fácil, pero ese fue un desayuno con lágrimas de impotencia. Aprovecho para enviar toda la fuerza a Gran Canaria y desear que esta pesadilla se acabe pronto. Y decir que pase lo que le pase a mi isla, siempre será preciosa.

Cormorán negro batiendo sus alas sobre el Danubio

Tras ese momento de bajona total, decidimos cambiar el chip porque desde aquí no podemos hacer mucho por ayudar desgraciadamente y porque como dice la canción de ‘Queen’, “Show must go on” (el espectáculo debe continuar); me parece un gran himno hacia la positividad en los peores momentos. Una canción de fuerza y valentía. Así que para animarnos nos preparamos y alquilamos unas bicicletas en el hostal. Una de las cosas que más me animan cuando estoy de bajona es hacer deporte, y en particular ir en bici a una cierta velocidad y sentir el viento en mi cara.

Ir en bici por aquí anima a cualquiera

La ruta en bici duró todo el día. Primero fuimos al lugar más lejano que queríamos visitar: el Castillo de Devin. Se trata de un castillo en ruinas con impresionantes vistas al río Danubio y Morava. Fueron aproximadamente unos diez kilómetros de ida y otros diez de vuelta, paseando entre árboles con diferentes tonos de verde y otras partes de la ruta tuvimos que hacerlas por carretera. Al llegar allí y antes de ascender al castillo, nos encontramos con unas simpáticas ovejas que se acercaron a saludar y a las que les tiramos manzanas para que no pasaran tanto calor.

Vistas al Castillo de Devin y río Danubio
Haciéndonos amigas de las ovejas

Estaba el día demasiado caluroso como para estar mucho tiempo al sol, así que cuando ya habíamos disfrutado de las vistas desde el castillo, bajamos hacia el pueblito que estaba justo abajo a comer y beber algo. Como anécdota graciosa contar que los de Eslovaquia son un poco brutos/exagerados. Al pedir una limonada para mi en aquella terraza-restaurante, me dice la camarera en inglés que ‘solo’ le queda un litro de limonada. Y yo, aún entendiendo lo que me decía no entendía cuál era el problema si solo quería un vaso para mi. La camarera me repite otra vez, pero solo me queda un litro. Y para que fue eso, las risas que nos pegamos después nosotras con la “poca” cantidad de limonada que le quedaba para mi. Un litro para una sola persona acompañando a la comida es una exageración, pero a ellas les parecía poco. Al final, con un poco de esfuerzo y un poco de ayuda, me la bebí.

Sacando fuerzas para beberme ‘solo’ un litro de limonada

Después de comer y beberme la super limonada de un litro (‘nada más’) cogimos las bicis para volver al centro, ya que el cielo se empezaba a poner algo feo tras tanto calor, y una tormenta llegaba por países cercanos y no queríamos que nos cogiera de camino. Al final solo cayeron cuatro gotas y hacía viento, pero gracias a eso llegamos rápido al centro y pudimos visitar la ciudad. Me llamaba mucho la atención, yo que soy del gremio, que a lo largo del río Danubio hubiera varios ‘Boteles’, es decir, hoteles flotantes en barcos anclados fijos al muelle con aspecto muy curioso. Además, sonará a tontería, pero me enamoré del conocido como ‘Puente Ovni’ porque tenía dos niveles, uno para coches y otros vehículos a motor y atención…un nivel más bajo para que las personas, animales y bicicletas puedan pasar de un lado al otro de la ciudad sin tener que ir en coche o transporte público. Suena a obvio, pero es el tipo de puente que yo siempre he pensado que debería haber en Gran Canaria para ir de un sitio a otro andando o en bici, sin que te obliguen a usar transportes a motor o pagar. No es tan difícil, Bratislava ya lo ha hecho.

Botel en el Danubio
Puente Ovni, con dos niveles. El nivel inferior para peatones y ciclistas

Destacaría dos atracciones del centro que nos gustaron mucho: la escultura de un hombre saliendo de una alcantarilla (‘Cumil’ en eslovaco o ‘hombre trabajando’); y la llamativa Iglesia de Santa Elizabeth que es de color azul pastel de estilo modernista y parece sacada de un cuento. Todo en ella es azul, hasta su interior. La razón de que sea azul la desconozco, aunque podría ser porque antiguamente era la capilla de un colegio y era un color más divertido para lxs niñxs, y decidieron dejarlo así al ver el éxito que tenía con los turistas, son solo conjeturas mías.

La iglesia azul
Estatua ‘Cumil’

Solo una mala noticia de esta preciosa ciudad, es la única en la que no hemos encontrado de ninguna manera una alcantarilla con el nombre de la capital para poder sacarnos la tradicional foto con nuestros pies a modo de “hemos estado aquí”. Pero como a falta de pan buenas son galletas, le saqué la foto a una papelera que me gustó y tenía el nombre de esta ciudad de castillos; Bratislava.

A falta de alcantarillas, buenas son papeleras

Séptimo destino…Wroclaw*

El contraste entre Alemania y Polonia ya se iba notando desde que íbamos en el tren de camino a Wroclaw, y al bajarnos del tren lo comprobamos aún más. Digamos que Polonia es uno de los hermanos pobres de Europa. Las casas estaban estropeadas, los alojamientos son más cutres y anticuados, el sistema de transporte del tranvía parecía que iba a romper las carreteras del ruido que hacía y lo fuerte que pisaba, y vimos alguna que otra rata enorme paseándose por la calle incluso de día.

Tranvías de Wroclaw

Todo esto un poco hacia las afueras de Wroclaw, que fue donde nos alojamos nosotras. El centro por supuesto está perfectamente preparado para los turistas, con todas sus fachadas impecables y más restaurantes y sitios que visitar. Pero en cuanto te alejas un poco del centro ves lo demás. Aún así, el ambiente más decaído comparado con otras ciudades era en cierto modo inspirador, ya que cuando miraba al cielo desde la ventana del hostal y veía en frente edificios medio en ruinas y con los ladrillos hacia fuera, me imaginaba en aquellas películas que tanto he visto y disfrutado. Películas en las que permanecían encerrados en sus casas observando la calle destruida y sin hacer ruido para que los alemanes no vinieran a llevárselos. Tenía un toque underground-histórico que molaba.

Plaza central del casco histórico

Descubrimos un parque precioso que quedaba de camino entre nuestro hostal y el centro. Solía estar lleno de patos, incluso una mamá pato con sus hijitos. Y ya cogimos como tradición durante esos días ir por las tardes a tirarles pan.

Precioso parque cerca del hostal
¡Cuac!

El centro histórico de Wroclaw estaba lleno de casas de diferentes colores de fachadas alargadas y estrechas muy pintorescas. Además del imponente mercado de Breslavia y su antiguo Ayuntamiento de estilo neogótico. La plaza central estaba llena de vida, con pompas de jabón gigantes volando libres por ella y las niñas corriendo detrás jugando. Algo que si me dio pena y que no debería ocurrir en ningún sitio, pero menos aún en la Unión Europea con sus ideales, fue que era bastante habitual ver a menores de edad pidiendo dinero a cambio de una rosa arrancada de cualquier jardín. No entiendo cómo permiten que eso siga ocurriendo. Los niños tienen que estar estudiando y jugando, no teniendo ese tipo de responsabilidades y estando tan desprotegidos.

Pompas de jabón volando por Breslavia
Antiguo Ayuntamiento

Hubo varias cosas que nos encantaron de Wroclaw. Por ejemplo, que repartido por todo el centro hay estatuillas en bronce de gnomos que tienes que ir descubriendo por la ciudad. Hay 180 gnomos, aunque nosotras solo encontramos unos veinte. Son muy divertidos ya que cada uno tiene un significado diferente y una razón de ser en el lugar que están ubicados. Además, no son un simple capricho decorativo, sino que tienen su origen en una protesta social contra el autoritarismo del gobierno en los años 80. Cuentan que en cada sitio que el Gobierno eliminó graffiti que lo criticaba, el movimiento de la Alternativa Naranja pintaba gnomos en los mismos lugares. Y allí es donde hoy están las estatuas de gnomos, utilizando el humor como señal de protesta.

Gnomo durmiendo
Gnomos empujando una bola de la acera

También hicimos una ruta en bici hasta el Jardín Japonés (Ogród Japónski) que estaba bastante bien logrado, era un espacio muy relajante incluso con música ambiental tipo mantra. Y justo al lado estaba la gran fuente multimedia que cada cierto tiempo ponía música moderna y los diferentes chorros de agua ‘bailaban’ a su ritmo y con colores de luces diferentes. Era un gran espectáculo que animaba a todo el mundo a participar o como mínimo a pararse y observarlo con una sonrisa.

Jardín Japonés
Ogród Japónski

Nos enamoramos de dos platos típicos polacos. Uno fue su sopa de pan con ajo y salchicha blanca y otro los famosos ‘pierogi’ que para que se hagan una idea son como grandes ravioli rellenos de diferentes ingredientes. Los nuestros eran rellenos de queso y papas, y de guarnición jamón y perejil. ¡Delicioso!

Sopa de pan con ajo y salchicha blanca
Pierogi…umm delicioso

Una de nuestras actividades favoritas en Polonia era mirar en Google la conversión entre Euros y Zloty, la moneda que se usa allí. Era flipante lo baratísimo que era casi todo, desde comer en la calle hasta comprar en el super, o coger el transporte. No parábamos de alucinar y divertirnos haciendo la conversión mental entre una moneda y la otra. Y contentas por lo poco que estábamos gastando en este país, comparado con sus hermanos ricos de Europa. Otra cosa muy graciosa era hacer doblajes/traducciones inventadas de lo que la gente o la megafonía decían. Ya que como se podrán imaginar el polaco sonaba similar al ruso y no entendíamos ni ‘papa’. Todo terminaba en -oski. Así que le añadíamos ese sufijo a todas palabras para parecer un poco más de allí y un poco menos guiris. Frases como: “Tengo sueñoski” ó “¿cuál es el trenoski?, nos causaban la risa floja.

Ejemplo de nombre de calle polaca
Diez Zloty

Polonia es como ese personaje de los cuentos que te inspira cierta ternura porque notas que recibe un trato más injusto que sus iguales. Es un país de tradición, creencia religiosa, familia y bosques preciosos. Un contraste interesante, o debería decir, ‘interesantoski’.

Atardecer en Polonia

Sexto destino…Berlín!!*

Berlín me sorprendió bastante para bien. Era una de esas ciudades que todo el mundo te habla de ella con ilusión y sin embargo a ti no te emociona especialmente ir, por muy conocida que sea. Sin embargo, al poco de llegar a Berlín ya noté su energía cosmopolita. Me pareció una ciudad grande, amplia. Con mucha gente pero sin agobios y sin tráfico. Una ciudad y unos alrededores con más cosas que ver de las que yo pensaba. Y se me hicieron cortos los días que pasamos allí.

Ich liebe dich, Berlin ❤

Y ahora pensándolo, cómo no iba a emocionarme una ciudad así. Si allí sucedieron grandes episodios de la parte que más me gustó estudiar de la historia mundial. Recuerdo que la asignatura de historia me costaba bastante estudiarla por tener tantas fechas que memorizar y por hablar tanto sobre las monarquías, hasta que llegó esa parte de la historia en la que ocurrió la primera y segunda guerra mundial, la guerra fría, la partición de Berlín con su muro y todo lo que ello conllevó. Recuerdo que a partir de ese momento pasé de pensar en las musarañas a desear que llegase la siguiente clase de historia y prestar atención como si se tratase de un nuevo capítulo de una serie a la que estuviese enganchada. Mis ojos atentos, el cuello hacia delante, casi sin parpadear y diciendo para mi misma ‘¡guau!’. No sé en qué me convierte que me interesase tanto esa parte oscura de nuestra historia, y obviamente no me alegraba de nada de lo que había ocurrido. Pero me parecía alucinante a nivel humano y a nivel psicológico. Me surgían miles de preguntas sin respuesta que hacía que me pareciese interesante. Como por ejemplo, ¿qué puede conseguir que miles de personas sigan como rebaños lo que diga un dictador y estén a favor de ideas tan tenebrosas? Ó, ¿Cómo pudo ser el ser humano tan poco humano? Surgieron tantas historias interesantes de un hecho así, algunas muy tristes que todos conocemos y otras más esperanzadoras de familias que se reencontraron tras esa masacre. Y allí estaba yo, en el lugar donde había ocurrido todo aquello.

Edificio del Reichstag

Berlín ha conseguido fusionar casi a la perfección su oscuro pasado con su moderno presente, sin que ninguna de las dos quede borrada. Y el pasado, recordado siempre desde la humildad y el perdón, reconociendo que fue una época que nadie quiere que se repita, y mostrándolo desde el arrepentimiento hacia quienes lo sufrieron y hoy lo visitan. Conseguir esa fusión no me parece nada fácil y ellos lo han logrado. Lugares de referencia histórica como el ‘Checkpoint Charlie’, el Muro de Berlín o el Campo de concentración de Sachsenhausen, fue lo que más me emocionó. Además del monumento conmemorativo del Holocausto que lo forman 2711 columnas en bloque formando un laberinto, que representa el número de judíos asesinados víctimas del holocausto. Me parece una acción elegante y humilde para dejar todo aquello atrás, y siempre desde el respeto.

Checkpoint Charlie: era el paso fronterizo de control entre la zona de Berlín soviética y la estadounidense
“No hay nada mejor que un pueblo libre, donde cada una puede ser quien es”

Quiero hacer una especial mención a la visita que hicimos al Campo de concentración de Sachsenhausen, a unos 30 kilómetros del centro de la capital. Tenía serias dudas sobre si hacer o no esta visita. Ya que en cierto modo recordarlo con detalles puede sonar incluso morboso en el sentido de hacer un museo de algo que fue horrible, pero por otro lado, a nivel histórico me interesaba mucho ampliar mis conocimientos y conocer una realidad que ocurrió hace no tantos años. Y a nivel de escritora, porque resulta inspirador y emociona tan solo imaginar en parte lo que pudieron sentir ellos cuando eran llevados a la fuerza en tren hacia ‘ningún lugar’ y llevados a ese campo de concentración de Oranienburg, en el que en un principio se les decía que iban a realizar trabajos para ayudar al Estado y los militares, y más tarde todos sabemos lo que ocurrió. Oír esas historias en la audio-guía y en el exacto lugar en el que ocurrieron fue impactante, y el paisaje que se veía; desolador. Desde que nos subimos al tren de cercanías (S-Bahn) para llegar allí me puse en la piel de ellos, que también iban en tren y seguramente hicieron el mismo recorrido. Y es curioso como cambia la vida en pocos años, cuando antes iban a la fuerza y ahora había ‘oleadas’ de personas yendo a visitarlo voluntariamente y recordando aquello como una historia lejana, cuando en realidad, no fue hace tanto tiempo.

“Arbeit macht frei” (“El trabajo te hace libre”) – la gran mentira que les contaban al entrar
Vistas desde la ‘Torre A’ de vigilancia al campo de concentración
La cara que se te queda cuando escuchas las barbaridades que ocurrieron allí

Después de visitar aquel desolador paisaje, llegamos a otro que también siendo histórico es mucho más positivo y me parece un grito a la esperanza y a la modernidad. No hay nada mejor que tirar muros, metafóricamente hablando, y en este caso, también literalmente. El muro de Berlín, también conocido ahora como el ‘East Side Gallery’, la mayor galería de arte al aire libre del mundo con 1,3 kilómetros conservados del muro. Me imagino la euforia que debieron sentir allí, el día que por fin lo tiraron, de repente su futuro parecía mejor y su presente; esperanzador. Recorríamos y recorríamos y yo como las niñas pequeñas, ilusionada y desesperada por ver ‘la pared del beso’. “¡Quiero ver la del beso, la del beso!” – decía. Ya saben, ese famoso beso entre el líder ruso Leonid Brezhnev y el líder de la RDA, Erich Honecker. Y allí estaba , ante nosotras, ‘el muro del beso’. Impresionante.

En el ‘East Side Gallery’ buscando mi muro favorito
¡El muro del beso! 😀