Bruselas, esa ciudad particular en la que todo es más pequeño de lo que parece. El Manneken Pis, la ‘Grand Place’ y la propia capital y sus distancias. Donde sin darnos cuenta cogimos una guagua pensando que nos quedaba un largo camino para llegar al hostal y a las dos paradas nos tuvimos que bajar porque para nuestro asombro ya habíamos llegado.



Bruselas y Brujas, ciudades pequeñas pero encantadoras. En las que si eres golosa deberías caminar con los ojos vendados porque literalmente en cada esquina hay una tienda de gofres, helados o bombones. Es casi imposible no caer en la tentación. Maestros del chocolate que le dedican museos y que son capaces de darle formas que escapan de nuestra imaginación. Probar un bombón artesanal relleno de caramelo y cerrar los ojos al sentir como si nunca antes hubieras probado algo igual. Sus calles empedradas; sus miles variedades de cervezas y su típico plato de mejillones que no llegamos a probar, su Atomium, su mezcla de historia y modernidad, sus exquisitas papas fritas, su salsa curryketchup, sus casas con techos triangulares, el carácter áspero de su gente chocante para nosotras, sus canales en Brujas, sus múltiples idiomas oficiales, su amor al ciclismo, cuna de la Unión Europea que consiguió dar un giro total a la sangrienta historia del continente y entrar en una era de paz y cohesión.




Bruselas es pequeña, de esas ciudades que te puedes recorrer a pie. Es como un suspiro, o debería decir, como un bombón. Exquisita, efímera y suficiente.


Que alegría me da verte tan feliz… Bruselas , pero sobre todo Brujas tienen mucho encanto.
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Gracias Edu! Sí, Brujas fue una ciudad con mucho encanto, muy mágica
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