Amsterdam es otra ciudad que tenía visita obligatoria para mi. Y es que estrictamente no es la primera vez que estoy aquí, o quizás si, según como se mire. Hace unos 26 años estuve aquí en la barriga de mi madre. Por supuesto, no me acuerdo de nada, pero dicen que los bebés en las últimas semanas de gestación ya huelen y oyen todo lo del exterior, así que en cierto modo ya había estado por aquí. De hecho de mi segundo nombre – ‘Beatriz’, para quien no lo supiera tengo segundo nombre – tiene ‘culpa’ esta ciudad, ya que por aquél entonces una señora llamada Beatriz era la reina de los Países Bajos, y a causa de aquel viaje que hicieron mis padres a Amsterdam me pusieron ese otro nombre.

Me han alucinado muchas cosas de esta ciudad. Por ejemplo el respeto absoluto que se le tiene a las bicicletas, es algo que para cualquier ciclista española es increíble, ya que en España todavía no tenemos esa cultura de la bicicleta como medio de transporte. Es increíble como ningún peatón se queja porque vayas en bici cerca de ellos, o como absolutamente todos los coches frenan para que pases en bicicleta, y hasta te piden disculpas. Es la primera ciudad de la que hemos visitado en la que no he visto problemas de tráfico, ya que apenas hay coches, por increíble que parezca, y la mayoría de las personas se mueven en bicicleta, moto, tranvía o caminando. Tampoco aquí ha llegado la fiebre de los monopatines eléctricos que tiene a tantas ciudades sin saber donde meterlas o cuando multarles. Y la mayoría de motos y los pocos coches que he visto son eléctricos. Es un estilo de movilidad que sería super beneficioso para todas las ciudades, y en España deberíamos aprender a amar las bicicletas como lo hacen en Amsterdam. No se nota contaminación en el aire, y el aire olería a limpio si no fuera porque en el centro huele a marihuana. Y les aseguro que no es una exageración. En el centro literalmente huele a marihuana tan fuerte que hasta te da dolor de cabeza cuando llevas un rato paseando. Por suerte, en cuanto te alejas un kilometro a las afueras ya el aire huele a limpio y a lluvia, porque llueve muy a menudo, aunque de manera intermitente.

Amsterdam me parece una ciudad que invita mucho al debate, ya que temas como la marihuana, la prostitución, etcétera genera opiniones muy encontradas entre las personas. El tema de que la marihuana sea legal suele estar bien aceptado y no me parece mal que así sea, pero sinceramente me parece exagerado que en una ciudad todos los días apeste a esa hierba y todo el mundo que venga tenga que fumar, aunque no se hayan fumado ni una shisha en su vida. Un uso normal de la gente que suela fumarlo me parece bien que no sea un delito, pero el uso que se hace aquí es de otro nivel, y por todo tipo de personas, algunas con cara de ¿cómo se usa esto?. Es postureo al fin y al cabo, parece que si vas a Amsterdam ‘toca’ fumar hierba, y nosotras pasamos de los postureos. Y el tema de la prostitución es otro debate. Lanzo pregunta al aire: ¿denigrante para la mujer por estar mostradas en un escaparate como objetos sexuales o más digno que en el resto de países porque al menos son autónomas y se les da visibilidad normalizada, control y derechos? Es un debate abierto que da para muchas horas de tertulias, algunas de ellas ya las tuvimos aquí, sentadas a lo largo de sus canales.

Tierra de molinos, de canales, de vacas, de zancos, de quesos, de tulipanes. Tierra de bicicletas, de terrenos llanos. Tierra de libertad, donde bien entendida es un gustazo y mal entendida una desgracia. Tierra de personas simpáticas, abiertas y sociables; donde todos te dedican una sonrisa y te ayudan en lo que puedan aunque no entiendan tu idioma. Se agradece mucho ver a una sociedad abierta que se adapta para hacer sentir cómodo a sus invitados. Entre los residentes hablan neerlandés pero el idioma que más se escucha por las calles, en restaurantes y en cualquier lugar, es el inglés. Además son muy tolerantes y abiertos. La ciudad está totalmente implicada con el tema del Pride. Como hemos llegado por las fechas en que se celebra, hay banderas por todos lados. Incluso en todas las tiendas, en los hoteles, restaurantes, en los sitios turísticos, en los barcos, hasta en sedes oficiales del Estado. Es una pasada como te hacen sentir que en Amsterdam hay sitio para todas y todos y que cada cual puede ser cómo se sienta o como quiera ser.

La comida típica holandesa nos ha dejado flipando. La última noche quisimos ir a un restaurante típico de los locales, que no fuese turístico y estaba más a las afueras claro. Y fue espectacular, de eso que estás comiendo y no paras de decir: ‘buff’….’mmmm’ ….’wau’…y una sucesión de onomatopeyas constantes. Sus croquetas, sus albóndigas, su queso, mantequilla, su puré de papas y sus frutos rojos naturales, son para chuparse los dedos.


Amsterdam es una ciudad que te acoge desde el primer momento. Una ciudad a la que da gusto llegar y de la que da pena irse. De esas que nada más llegar ya se te dibuja una sonrisa. Se respira buen rollo en todos sitios – y no lo digo por el olor a marihuana jaja. Pero aquí te sientes libre, y notas que la gente está de buen humor aunque sean más serios que los del sur de Europa. Pero te hacen sentir como en casa, son muy buenos anfitriones. Y da gusto regresar al primer sitio donde estuve, cuando todavía no había estado en ningún lugar aún.
