Sexto destino…Berlín!!*

Berlín me sorprendió bastante para bien. Era una de esas ciudades que todo el mundo te habla de ella con ilusión y sin embargo a ti no te emociona especialmente ir, por muy conocida que sea. Sin embargo, al poco de llegar a Berlín ya noté su energía cosmopolita. Me pareció una ciudad grande, amplia. Con mucha gente pero sin agobios y sin tráfico. Una ciudad y unos alrededores con más cosas que ver de las que yo pensaba. Y se me hicieron cortos los días que pasamos allí.

Ich liebe dich, Berlin ❤

Y ahora pensándolo, cómo no iba a emocionarme una ciudad así. Si allí sucedieron grandes episodios de la parte que más me gustó estudiar de la historia mundial. Recuerdo que la asignatura de historia me costaba bastante estudiarla por tener tantas fechas que memorizar y por hablar tanto sobre las monarquías, hasta que llegó esa parte de la historia en la que ocurrió la primera y segunda guerra mundial, la guerra fría, la partición de Berlín con su muro y todo lo que ello conllevó. Recuerdo que a partir de ese momento pasé de pensar en las musarañas a desear que llegase la siguiente clase de historia y prestar atención como si se tratase de un nuevo capítulo de una serie a la que estuviese enganchada. Mis ojos atentos, el cuello hacia delante, casi sin parpadear y diciendo para mi misma ‘¡guau!’. No sé en qué me convierte que me interesase tanto esa parte oscura de nuestra historia, y obviamente no me alegraba de nada de lo que había ocurrido. Pero me parecía alucinante a nivel humano y a nivel psicológico. Me surgían miles de preguntas sin respuesta que hacía que me pareciese interesante. Como por ejemplo, ¿qué puede conseguir que miles de personas sigan como rebaños lo que diga un dictador y estén a favor de ideas tan tenebrosas? Ó, ¿Cómo pudo ser el ser humano tan poco humano? Surgieron tantas historias interesantes de un hecho así, algunas muy tristes que todos conocemos y otras más esperanzadoras de familias que se reencontraron tras esa masacre. Y allí estaba yo, en el lugar donde había ocurrido todo aquello.

Edificio del Reichstag

Berlín ha conseguido fusionar casi a la perfección su oscuro pasado con su moderno presente, sin que ninguna de las dos quede borrada. Y el pasado, recordado siempre desde la humildad y el perdón, reconociendo que fue una época que nadie quiere que se repita, y mostrándolo desde el arrepentimiento hacia quienes lo sufrieron y hoy lo visitan. Conseguir esa fusión no me parece nada fácil y ellos lo han logrado. Lugares de referencia histórica como el ‘Checkpoint Charlie’, el Muro de Berlín o el Campo de concentración de Sachsenhausen, fue lo que más me emocionó. Además del monumento conmemorativo del Holocausto que lo forman 2711 columnas en bloque formando un laberinto, que representa el número de judíos asesinados víctimas del holocausto. Me parece una acción elegante y humilde para dejar todo aquello atrás, y siempre desde el respeto.

Checkpoint Charlie: era el paso fronterizo de control entre la zona de Berlín soviética y la estadounidense
«No hay nada mejor que un pueblo libre, donde cada una puede ser quien es»

Quiero hacer una especial mención a la visita que hicimos al Campo de concentración de Sachsenhausen, a unos 30 kilómetros del centro de la capital. Tenía serias dudas sobre si hacer o no esta visita. Ya que en cierto modo recordarlo con detalles puede sonar incluso morboso en el sentido de hacer un museo de algo que fue horrible, pero por otro lado, a nivel histórico me interesaba mucho ampliar mis conocimientos y conocer una realidad que ocurrió hace no tantos años. Y a nivel de escritora, porque resulta inspirador y emociona tan solo imaginar en parte lo que pudieron sentir ellos cuando eran llevados a la fuerza en tren hacia ‘ningún lugar’ y llevados a ese campo de concentración de Oranienburg, en el que en un principio se les decía que iban a realizar trabajos para ayudar al Estado y los militares, y más tarde todos sabemos lo que ocurrió. Oír esas historias en la audio-guía y en el exacto lugar en el que ocurrieron fue impactante, y el paisaje que se veía; desolador. Desde que nos subimos al tren de cercanías (S-Bahn) para llegar allí me puse en la piel de ellos, que también iban en tren y seguramente hicieron el mismo recorrido. Y es curioso como cambia la vida en pocos años, cuando antes iban a la fuerza y ahora había ‘oleadas’ de personas yendo a visitarlo voluntariamente y recordando aquello como una historia lejana, cuando en realidad, no fue hace tanto tiempo.

«Arbeit macht frei» («El trabajo te hace libre») – la gran mentira que les contaban al entrar
Vistas desde la ‘Torre A’ de vigilancia al campo de concentración
La cara que se te queda cuando escuchas las barbaridades que ocurrieron allí

Después de visitar aquel desolador paisaje, llegamos a otro que también siendo histórico es mucho más positivo y me parece un grito a la esperanza y a la modernidad. No hay nada mejor que tirar muros, metafóricamente hablando, y en este caso, también literalmente. El muro de Berlín, también conocido ahora como el ‘East Side Gallery’, la mayor galería de arte al aire libre del mundo con 1,3 kilómetros conservados del muro. Me imagino la euforia que debieron sentir allí, el día que por fin lo tiraron, de repente su futuro parecía mejor y su presente; esperanzador. Recorríamos y recorríamos y yo como las niñas pequeñas, ilusionada y desesperada por ver ‘la pared del beso’. “¡Quiero ver la del beso, la del beso!” – decía. Ya saben, ese famoso beso entre el líder ruso Leonid Brezhnev y el líder de la RDA, Erich Honecker. Y allí estaba , ante nosotras, ‘el muro del beso’. Impresionante.

En el ‘East Side Gallery’ buscando mi muro favorito
¡El muro del beso! 😀

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