Séptimo destino…Wroclaw*

El contraste entre Alemania y Polonia ya se iba notando desde que íbamos en el tren de camino a Wroclaw, y al bajarnos del tren lo comprobamos aún más. Digamos que Polonia es uno de los hermanos pobres de Europa. Las casas estaban estropeadas, los alojamientos son más cutres y anticuados, el sistema de transporte del tranvía parecía que iba a romper las carreteras del ruido que hacía y lo fuerte que pisaba, y vimos alguna que otra rata enorme paseándose por la calle incluso de día.

Tranvías de Wroclaw

Todo esto un poco hacia las afueras de Wroclaw, que fue donde nos alojamos nosotras. El centro por supuesto está perfectamente preparado para los turistas, con todas sus fachadas impecables y más restaurantes y sitios que visitar. Pero en cuanto te alejas un poco del centro ves lo demás. Aún así, el ambiente más decaído comparado con otras ciudades era en cierto modo inspirador, ya que cuando miraba al cielo desde la ventana del hostal y veía en frente edificios medio en ruinas y con los ladrillos hacia fuera, me imaginaba en aquellas películas que tanto he visto y disfrutado. Películas en las que permanecían encerrados en sus casas observando la calle destruida y sin hacer ruido para que los alemanes no vinieran a llevárselos. Tenía un toque underground-histórico que molaba.

Plaza central del casco histórico

Descubrimos un parque precioso que quedaba de camino entre nuestro hostal y el centro. Solía estar lleno de patos, incluso una mamá pato con sus hijitos. Y ya cogimos como tradición durante esos días ir por las tardes a tirarles pan.

Precioso parque cerca del hostal
¡Cuac!

El centro histórico de Wroclaw estaba lleno de casas de diferentes colores de fachadas alargadas y estrechas muy pintorescas. Además del imponente mercado de Breslavia y su antiguo Ayuntamiento de estilo neogótico. La plaza central estaba llena de vida, con pompas de jabón gigantes volando libres por ella y las niñas corriendo detrás jugando. Algo que si me dio pena y que no debería ocurrir en ningún sitio, pero menos aún en la Unión Europea con sus ideales, fue que era bastante habitual ver a menores de edad pidiendo dinero a cambio de una rosa arrancada de cualquier jardín. No entiendo cómo permiten que eso siga ocurriendo. Los niños tienen que estar estudiando y jugando, no teniendo ese tipo de responsabilidades y estando tan desprotegidos.

Pompas de jabón volando por Breslavia
Antiguo Ayuntamiento

Hubo varias cosas que nos encantaron de Wroclaw. Por ejemplo, que repartido por todo el centro hay estatuillas en bronce de gnomos que tienes que ir descubriendo por la ciudad. Hay 180 gnomos, aunque nosotras solo encontramos unos veinte. Son muy divertidos ya que cada uno tiene un significado diferente y una razón de ser en el lugar que están ubicados. Además, no son un simple capricho decorativo, sino que tienen su origen en una protesta social contra el autoritarismo del gobierno en los años 80. Cuentan que en cada sitio que el Gobierno eliminó graffiti que lo criticaba, el movimiento de la Alternativa Naranja pintaba gnomos en los mismos lugares. Y allí es donde hoy están las estatuas de gnomos, utilizando el humor como señal de protesta.

Gnomo durmiendo
Gnomos empujando una bola de la acera

También hicimos una ruta en bici hasta el Jardín Japonés (Ogród Japónski) que estaba bastante bien logrado, era un espacio muy relajante incluso con música ambiental tipo mantra. Y justo al lado estaba la gran fuente multimedia que cada cierto tiempo ponía música moderna y los diferentes chorros de agua ‘bailaban’ a su ritmo y con colores de luces diferentes. Era un gran espectáculo que animaba a todo el mundo a participar o como mínimo a pararse y observarlo con una sonrisa.

Jardín Japonés
Ogród Japónski

Nos enamoramos de dos platos típicos polacos. Uno fue su sopa de pan con ajo y salchicha blanca y otro los famosos ‘pierogi’ que para que se hagan una idea son como grandes ravioli rellenos de diferentes ingredientes. Los nuestros eran rellenos de queso y papas, y de guarnición jamón y perejil. ¡Delicioso!

Sopa de pan con ajo y salchicha blanca
Pierogi…umm delicioso

Una de nuestras actividades favoritas en Polonia era mirar en Google la conversión entre Euros y Zloty, la moneda que se usa allí. Era flipante lo baratísimo que era casi todo, desde comer en la calle hasta comprar en el super, o coger el transporte. No parábamos de alucinar y divertirnos haciendo la conversión mental entre una moneda y la otra. Y contentas por lo poco que estábamos gastando en este país, comparado con sus hermanos ricos de Europa. Otra cosa muy graciosa era hacer doblajes/traducciones inventadas de lo que la gente o la megafonía decían. Ya que como se podrán imaginar el polaco sonaba similar al ruso y no entendíamos ni ‘papa’. Todo terminaba en -oski. Así que le añadíamos ese sufijo a todas palabras para parecer un poco más de allí y un poco menos guiris. Frases como: “Tengo sueñoski” ó “¿cuál es el trenoski?, nos causaban la risa floja.

Ejemplo de nombre de calle polaca
Diez Zloty

Polonia es como ese personaje de los cuentos que te inspira cierta ternura porque notas que recibe un trato más injusto que sus iguales. Es un país de tradición, creencia religiosa, familia y bosques preciosos. Un contraste interesante, o debería decir, ‘interesantoski’.

Atardecer en Polonia

2 comentarios sobre “Séptimo destino…Wroclaw*

  1. Hola, Cristina: Felicidades por el gran paso al descubrimiento de lugares, personas y situaciones. Ma ha gustado mucho lo que has comentado de los gnomos por la ciudad y la visita al parque japonés. Me encantan ese tipo de árboles que aparecen en la foto. Sigue con tus comentarios que te seguiré con mucha curiosidad. Un abrazo.

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