Undécimo destino….Venecia*

De nuevo nos subimos a otra guagua para cambiar de país. Y estoy emocionada porque es uno de los países que sin duda estaban en mi lista de los que deseaba visitar alguna vez en mi vida: ¡Italia!

El primer destino dentro de Italia fue Venecia, pero realmente solo hicimos una escala de pocas horas ya que nos quedaba de camino viniendo desde Liubliana. Básicamente fuimos a almorzar y a dar una vuelta por sus callejuelas estrechas rodeadas de canales. El Puente de Rialto, el Gran Canal de Venecia y a lo lejos la Plaza de San Marcos, a la que no fuimos porque hacía demasiado calor e íbamos demasiado cargadas.

El Gran Canal de Venecia

Llegamos a la estación de guaguas de Tronchetto y nos subimos con todas las maletas y bolsas en el ‘People Mover’. Sí, así se llama, no se complicaron mucho para el nombre. Es una especie de tranvía que va sobre un puente y cruza el puerto de Venecia hasta llegar a ‘Piazzale Roma’, para poder visitar el centro de la ciudad.

Ponte della Costituzione

Como íbamos muy cargadas, pregunté en el punto de información turística por alguna consigna donde dejar las maletas, y la señora nos señaló hacia una empresa que estaba muy cerca, asegurándome que era la más barata de la zona. Así que, allí fuimos y resulta que eran cinco euros por bulto; y por bulto entendían hasta una pequeña bolsa con algo dentro. Tras la negativa para negociar el precio de la bolsa y su intento de timarnos, solo dejamos las maletas grandes y decidimos cargar con la bolsa y las mochilas.

Escalones para arriba, escalones para abajo

Comimos en la terraza de un restaurante típico veneciano, con vistas al canal y al trasiego de barcos de todo tipo, desde taxiboats hasta lujosos yates. De fondo oíamos gaviotas que parecían reírse de todo lo que decíamos; y ese idioma que tanto me gusta.

Comiendo con vistas al Gran Canal

Ya se empezaba a notar la esencia italiana, aunque el norte de Italia se parece más a la Europa Central. Y espero que nadie se ofenda pero Venecia me pareció «poco italiana» y poco auténtica, algo que ya me imaginaba antes de ir. No me malinterpreten, es bonita y siempre me había dado curiosidad ir, pero es como un gran parque de atracciones para turistas. Es el típico destino en el que el turismo masificado se ha cargado parte de su esencia.

Los taxiboats siempre llenos de turistas apretuñados y los paseos en góndola a precios desorbitados. Escalones para cruzar todos y cada uno de sus muchos puentes, turistas cabreados y sudando, subiendo sus maletas por esos incómodos escalones. Pero hasta en eso han pensado para sacar dinero, y hay personas que se dedican a cargar las maletas de los turistas hasta su hotel. Estando allí me preguntaba cómo visitaría una persona con poca movilidad una ciudad así.

Gondolero ‘Aladdin’ (jaja)

Está claro que Venecia tiene su encanto, pero ese encanto se ha exagerado de tal manera que cuando llegué allí no me pareció ni romántico, ni que fuera para tanto, y las horas que pasamos me parecieron suficientes.

Aunque no lo parezca, Venecia también me gustó, eh

De las cosas que más me gustaron fueron las máscaras del Carnaval de Venecia, las callejuelas estrechas, los lugares religiosos tradicionales que te encontrabas de repente sin esperarlos en medio de un sitio tan ‘hecho producto’, los gondoleros agachándose al pasar por puentes bajos, y una preciosa gata a la que saludamos mientras disfrutaba de su terraza particular.

Nos encontramos a una ‘bella gattina’

Mientras comíamos mirando al Gran Canal me imaginaba que en cualquier momento podía ocurrir aquella escena sobre el robo de la caja fuerte y la persecución en barco de la película ‘The Italian Job’. Son tantas las películas que se han rodado aquí; ‘El Talento de Mr. Ripley’ , ‘The Tourist’ y un largo etcétera. Sin duda, es una ciudad de cine.

Preciosas máscaras del Carnaval de Venecia

Tras aquella visita fugaz, descansamos un rato en el ‘Giardini Papadopoli’ y volvimos a Tronchetto para coger la guagua de nuevo, pero esta vez hacia la Italia profunda. ¡Arrivederci Venezia!

¡Arrivederci!

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