Duodécimo destino….Florencia!*

Cogimos la guagua esa misma tarde, tras la visita express a Venecia, en la estación de Tronchetto para llegar por la noche a Villa Costanza T1. Es la estación que ha estado más alejada de la ciudad donde íbamos a dormir. Así que tuvimos que coger un tranvía nocturno que tras media hora nos alcanzó hasta la ‘Stazione Santa Maria Novella’. Dejamos las maletas en el hostal, que estaba a pocos pasos de la estación y fuimos a cenar a la ‘Trattoría Nerone’.

‘Comune di Firenze’

Vale, ahora si que sentía que habíamos llegado a la Italia profunda. Parecía que nada más pisar Florencia te sentías una italiana más. Y de repente querías comer pizza y pastas de todo tipo, y te veías gesticulando con la mano levantada siempre diciendo frases como ‘quale cosa?’ con un acento exageradamente italiano que no te corresponde. Pero es que el espíritu italiano te invade desde que pisas Florencia. Y sí, Pisa está en Florencia, pero al final decidimos no ir porque un edificio inclinado tiene menos gracia que un paisaje natural sin igual. Pero eso ya lo contaré más adelante.

Viva L’Italia!

Nuestro hostal molaba muchísimo. Las paredes estaban decoradas con representaciones del arte italiano, había imitaciones de esculturas famosas, un patio exterior al estilo italiano total y un desayuno rico, con una camarera muy simpática que siempre bromeaba con nosotras. La habitación compartida tenía un techo altísimo casi celestial, y las literas eran de metal blanco, antiguas. Me recordaban a un orfanato. Además de las huéspedes humanas, había pequeñas huéspedes en los colchones llamadas chinches de cama que le dejaron picaduras a Yesi en las piernas y los brazos. A mi por ahora no me han picado, tuvieron suficiente banquete con ella.

Paredes del hostal simulando fresco de la Capilla Sixtina

El primer día entero en Florencia lo aprovechamos para visitas culturales. Visitamos desde fuera la Catedral de Santa María del Fiore y el Duomo. Debo decir que fue impresionante. Vas callejeando y de repente ves la cúpula y mientras te vas aproximando alucinas porque son tan bonitas y lineales sus formas, que el edificio parece un dibujo trazado en el cielo. También nos encantó el ‘Ponte Vecchio’ sobre el río Arno y los ‘Spaghetti Cacio e Pepe’ que nos comimos en un restaurante a orillas del mismo. No entramos a ninguno de los típicos museo porque las colas eran interminables y los precios para saltárselas, desorbitados; y porque no somos turistas sino viajeras y no queríamos estar apretujadas en museos ‘mainstream’. Así que en su lugar fuimos al tranquilo y entretenido Museo de Leonardo Da Vinci, donde además te dejaban tocar todo e interactuar con los inventos.

Quale cosa!…Bellisimo!
‘Ponte Vecchio’ sobre el Río Arno
Museo de Leonardo Da Vinci

El último día en Florencia teníamos pensado ir a Pisa, eso ponía en el ‘planning’ que habíamos hecho. Pero como somos muy de cambiar de plan e improvisar, en vez de eso alquilamos un Fiat 500 cabrio azul marino y nos fuimos como ‘Thelma y Louise’ pero hacia la Toscana. Sonará peliculero, pero pónganse en situación: subidas en un Fiat 500 descapotable, el cielo despejado, el sol y el viento dándonos en la cara y alborotándonos la melena, un paisaje asombroso, y en la radio comienza a sonar Tiziano Ferro – ‘La differenza tra me e te’. ¡Que momentazo! ¡Que sensación de libertad!

Sensación de libertad
La Toscana

Tratábamos de encontrar los paisajes de esa película que seguramente todas habrán visto. Condujimos a través del Val d’Orcia, Montepulciano, Montalcino; y llegamos hasta Cortona, el pueblo donde se grabó la película de ‘Bajo el sol de la Toscana’. Un pueblo precioso y muy auténtico con unas vistas increíbles. Encontramos la casa de la película y aparcamos en la misma entrada. La Villa Bramasole, y descubrimos que se puede alquilar vacacionalmente por un módico precio de entre 14 mil – 24 mil Euros por semana, no entiendo cómo no hemos ido aún (jaja).

Vistas desde Cortona
La Villa Bramosole donde se grabó la película

Me atreví a conducir por las carreteras secundarias de la Toscana pensando que serían más tranquilas que las autovías, pero comprobé que los italianos conducen de forma loca y agresiva incluso en el campo, por lo que no fue una conducción muy relajante que digamos. Eso sí, vimos viñedos, girasoles, cipreses que guiaban el camino, otros apiñados y sin nada alrededor. Calles empedradas estrechísimas por las que a veces era imposible pasar en coche, y teníamos que dar marcha atrás intentando no rozar el coche con ninguna casa, mientras una italiana nos gritaba las indicaciones para no chocar. Una experiencia toscana total.

Conduciendo el Fiat 500 cabrio
Impresionante paisaje de La Toscana
Los girasoles no podían faltar

De Florencia me llevo grandes recuerdos de paisajes y lugares que se me quedarán para siempre grabados en la retina, y otro recuerdo que me enviaron un mes después de volver de allí y que pienso enmarcar y guardar como souvenir: una multa de aparcamiento de la ‘Polizia Municipale – Comune di Firenze’. Se ve que no entendimos bien las señales (jaja).

Esta cara de felicidad fue obviamente antes de recibir la multa (jaja)
 Piacere di averti conosciuto, Firenze!
Literalmente: Bajo el sol de la Toscana ^^

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