Recorriendo España: Zaragoza*

Corría el mes de Octubre, yo ya estaba viviendo en Madrid en un piso compartido. Mis padres vinieron a visitarme, coincidiendo con una fecha aproximada al santo de mi madre. Siempre hemos sido muy viajeros, y ellos venían de ruta desde Francia, así que decidimos encontrarnos en Zaragoza y conocer un nuevo lugar juntos.

El viernes 18 de Octubre salí antes de tiempo de mi curso de Amadeus para ir apresurada hasta la Estación de tren de Chamartín. Allí cogí el tren más económico y lento hasta Zaragoza. Esta vez viajaba sola, yo con mis pensamientos. De hecho, recuerdo que hasta me quedé dormida con el suave traqueteo del tren. Pero no podía despistarme con la parada porque el trayecto terminaba en Lleida y yo me tenía que bajar antes.

Arrancamos rumbo a Zaragoza

Al fin, llegué a la Estación Zaragoza-Delicias por la tarde noche. Mi primera vez pisando Aragón, me hacía mucha ilusión y más aún ver a mis padres después de varios meses fuera. Pero lo cierto es que el tren en que ellos debían llegar venía con retraso. Por lo visto, había habido un pequeño incidente con otro tren y estaban parados a unos kilómetros de distancia. La espera se hizo larga, y hacía frío, de hecho veía que fuera llovía. Y al fin, después de varias horas, llegaron mis padres y nos reencontramos allí, en Zaragoza.

¡Bienvenida a Aragón!

Todos estábamos cansados, así que fuimos en guagua hacia el centro a la búsqueda de la casa de Airbnb que habíamos alquilado. Llegamos, dejamos las cosas allí y cenamos algo fuera; en uno de esos típicos bares, lleno de servilletas usadas tiradas en el suelo – es una de las tradiciones peninsulares a las que no me acostumbro. Luego regresamos a la casa y por fin nos fuimos a dormir.

Zaragoza

Amanecía el sábado en Zaragoza, y hoy tocaba excursión para aprovechar el día. Cogimos una guagua y fuimos hasta el Monasterio de Piedra. Era un lugar precioso. Su jardín histórico estaba lleno de zonas verdes, las hojas de otoño caídas sobre el césped; arroyos, grutas, árboles centenarios y sus famosas cascadas.

Otoño y árboles centenarios
Agua, agua y más agua
Enorme cascada

El Río que lo atraviesa se llama Río Piedra, de ahí su nombre. También visitamos el Monasterio que data del siglo XIII y es de estilo Gótico Cisterciense. Sus pasillos recordaban a la película de Harry Potter. Me imaginaba todo lo que tuvo que ocurrir entre esas paredes en tiempos pretéritos. Los monjes vivieron en este Monasterio durante más de 600 años, y producían un chocolate que todavía hoy se vende allí, con un sabor celestial.

Pasillos del Monasterio de Piedra
Monasterio de Piedra

Ya nos empezaba a entrar hambre, y para evitar ir al restaurante concurrido que estaba dentro del parque, se nos ocurrió andar un poco carretera abajo y encontramos un restaurante mucho más auténtico, sin esperas, a su precio justo y con comida casera exquisita. Fue un gran acierto haber superado la pereza y movernos, para caer en la gula -me invade el espíritu eclesiástico estando aquí.

Caminando en busca de otro restaurante

Al volver en guagua hacia Zaragoza, hicimos trasbordo en Calatayud. La verdad que me hizo ilusión pisar este lugar, porque me sonaba de haberlo leído en varias novelas. Por algún motivo que desconozco, esta pequeña ciudad es muy nombrada entre los literarios.

Calatayud

Por último, el domingo lo dedicamos a patear la capital. Visitamos el Palacio de la Aljafería con sus imponentes torres exteriores y su interior de arquitectura árabe. Paseamos por el Monumento a César Augusto, ubicado frente al Mercado Central. Fuimos a la famosa Plaza del Pilar, que para nuestra sorpresa aún tenía expuesta la ornamentación floral en ofrenda a la Virgen, ya que había sido su santo y el de mi madre hace pocos días.

Exterior del Palacio de la Aljafería
Interior árabe del Palacio de la Aljafería
Ofrendas florales a la Virgen del Pilar

Y, por su puesto, no podía faltar visitar y subir a la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. Subimos los escalones hasta la Torre del Pilar para tener las mejores vistas al Río Ebro, a los puentes que lo atraviesan y a las pintorescas cúpulas de la Basílica.

Río Ebro, puentes y cúpulas de la Basílica
Vistas a Zaragoza desde la Torre del Pilar

Ya tocaba regresar a Madrid, así que fuimos a la estación de tren para comprar el billete del AVE. El hecho de que el tren de mis padres se retrasase tantas horas a la llegada hizo que les reembolsaran todo el billete, por lo que teníamos que ir a la oficina a compensarlo. Resulta que el tren que queríamos coger iba lleno en la zona ‘turista’, así que “tuvimos” que ir en preferente o lo que es lo mismo, primera clase. Esa sorpresa de última hora no estuvo nada mal. Fuimos a la sala v.i.p a esperar calentitos y además, el billete incluía un menú durante el trayecto. Así que, sin comerlo ni beberlo – aunque si comimos y bebimos porque estaba incluido en el billete preferente- llegamos a Madrid como marqueses/as.

Disfrutando de la clase preferente

Zaragoza, ciudad fundada por los romanos, de ríos y puentes. Donde el agua cobra vital importancia. Es curioso saber que su nombre original fue ‘Caesaraugusta’,palabra que fue evolucionando durante sus sucesivas conquistas hasta llamarse hoy en día Zaragoza. Y no podía cerrar este viaje sin decir uno de mis chistes malos; y es que, en Aragón, más vale ‘maña’ que fuerza.

Caesaraugusta

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