Después de casi tres meses de confinamiento y con todo lo que eso supuso, las paredes se me echaban encima en aquel pequeño piso de Madrid. Así que en cuanto la situación nos dio una pequeña tregua, decidimos viajar por el norte de España de una manera diferente. Teníamos ganas de una escapada, de intentar “olvidarnos” un poco de todo lo que estaba pasando, de respirar nuevos aires, y hacerlo de una manera diferente: viajando por primera vez en autocaravana.

Como fue una ruta itinerante de una semana, voy a dividir este viaje en varias entradas del blog, para no perder detalle de cada Comunidad Autónoma por la que pasamos.
Era un caluroso sábado de julio de 2020, concretamente el día once. Y fuimos a las afueras de Madrid, para recoger la autocaravana que habíamos alquilado a través de una aplicación de renting entre particulares. Los chicos nos explicaron cada detalle de la autocaravana porque éramos nuevas en esto, y no queríamos cometer los típicos errores de principiante. El mundo de las autocaravanas es un mundo aparte, parece sencillo pero tiene sus cosas. Así que cuando ya estuvo todo claro, y con toda la ilusión del mundo porque por fin podíamos alejarnos unos días de Madrid; ¡Arrancamos: carretera y manta, rumbo al norte!
Teníamos unos 400 kilómetros por delante hasta nuestro primer destino, así que fuimos haciendo algunas paradas para estirar las piernas. La primera parada fue en el bonito pueblo de Buitrago de Lozoya, muy al norte de Madrid. Paramos para comprar agua, ya que hacía mucho calor, y para caminar un poco. Y nos encontramos con esa preciosa estampa de la muralla y castillo de aspecto medieval sobre el río Lozoya. Al parecer mucha gente tuvo la misma idea, porque para ser un pueblo tan pequeño estaba lleno de personas deambulando y sacando fotos. Nada, que todavía no hemos conseguido salir de la Comunidad de Madrid (jaja), pero ya faltaba poco.


Sin entretenernos mucho, continuamos el viaje por carretera y la siguiente parada fue ya en Burgos. Concretamente en un pueblo llamado Aranda de Duero. ¿Que por qué aquí? Sinceramente, porque quedaba más o menos a medio camino de nuestro destino, y porque había un supermercado que nos gustaba para comprar las provisiones para la ruta. Pero sí, este pueblo también tenía su encanto. El río Duero rodeaba la ciudad. Sin embargo, la gente con la que nos cruzamos no fueron demasiado amables que digamos, supongo que tratándose de Burgos es normal porque dirían “a estas dos, que les den morcilla” (jaja, con amor a lxs burgalesxs).
Y ya, con el coche cargado de comida, continuamos el viaje hasta nuestro primer destino: BILBAO.