Londres, qué decir de ti. Quizás jugabas con ventaja porque me debía a mi misma ir allí desde que tengo uso de razón – por haber estudiado en un cole inglés – , pero el caso es que me has enamorado. Con tu manera de querer hacerlo todo al revés: cambio de moneda, conducir en la otra dirección, medidas diferentes en tallas, grados y distancias, y un largo etcétera, que vuelve loca a cualquiera. Constantemente entre nosotras nos volvíamos locas calculando cuántos ‘pounds’ costaba tal cosa y cuánto era eso en euros para calcular los gastos diarios. Nos reíamos con frases tipo: “diez dólares…que diga euros, no, libras”. Y en dos ocasiones nos pegamos un susto con coches que venían directos hacia nosotras mientras cruzábamos alegremente mirando para la otra dirección. Después de esos sustos, mi truco fue mirar para ambos lados intermitentemente desarrollando los músculos de mi cuello con tal de no morir atropellada en Londres.

Y eso que dicen de que son muy ‘polite’ (educados) y que dan las gracias y piden disculpas por todo, creía que eran exageraciones o tópicos, pero es totalmente cierto. Son la sociedad más educada y eficiente que he conocido hasta ahora. Nunca había escuchado tantas veces seguidas la palabras ‘thank you’, y al mínimo roce por la calle te piden disculpas mirándote a los ojos. Cualquier mínimo problema en cuánto a desvíos de metros, retrasos de trenes o cualquier asunto cívico/social lo solucionan de una manera sorprendente. Eso sí, son bastante dispersos en cuanto a otros tipos de orden. El hostal en el que nos quedamos fue genial (a pesar de que el último día nos robaron), pero era habitual que al subir a tu habitación compartida tu cama estuviese ocupada por otra persona, así, sin más. Pasaba continuamente y no les extrañaba demasiado. Además es difícil encontrar una papelera cuando vas caminando por la calle. Nos podíamos pegar bastantes minutos andando por la calle con algo en la mano y sin tener donde tirarlo, lo cual explica en parte porque suelen dejarlo tirado por la calle y las bolsas de basura en plena acera.

Una cosa que me sorprendió de Londres fue la exagerada pasión que siente el país por la reina y todo lo referido a la realeza, aún en estos tiempos. Sí, sé que aun existen muchos países monárquicos, pero digamos que se vive ese tema en un segundo plano, y allí lo viven en un primerísimo plano. Las calles con nombres reales, los parques, los museos, los eventos, las tiendas, los hoteles, la decoración, hasta las pocas papeleras que había eran reales.


Ay Londres, con tus guaguas de doble piso, tus cabinas rojas, tus numerosos parques y zonas verdes, tus hamacas de rayas de tela y madera, tus taxis típicos, tus casas de ladrillo marrón o rojo, tus cisnes, patos, y gaviotas que no paran de «reírse», tus gatos enormes, tus aceras porosas, tu comida que tiene tan mala fama y sin embargo está tan buena; tu vida de día y de noche, tu multiculturalidad, tu mente abierta (como dijo una señora con la que charlamos en el hostal: “they don’t give a fuck”, refiriéndose a que no se meten con lo que cada persona hace con su vida, y es verdad, para bien o para mal pasas desapercibida); tus personas sonrientes y amables – excepto algunos taxistas y conductores de guagua -, tu mercado de Camden, tu barrio de Euston, Notting Hill, el Soho con su Chinatown, aquel barrio de ricos en el que dos ‘niggas’ rapeaban para flipar y por detrás a unos metros unos chicos inglesitos blanquitos y pelirojos jugaban al tenis en una pista de tenis pública que había en ese parque; tus museos, tus zonas de Harry Potter, y a tan solo pocas horas de lugares impresionantes como Brighton (una playa en la que hace frío y viento pero que mola y se come un ‘fish and chips’ de rechupete), o la sorpresa de ‘Seven Sisters’ con sus acantilados de piedra caliza y zonas verdes con ovejas.



Qué decir de ti, que en solo cuatro días me enamoraste. Que da gusto perderse en ti y no saber ni por qué calle vas, porque todas son impresionantes. Que tienes magia y envuelves, a pesar de tu cielo gris y lluvioso que odio, y a pesar de tu afán por la realeza, siendo yo más bien republicana. Que me fui y juraría que te echaba de menos. Y no sé si es el idioma, si es que crecí también en ese entorno, o es que eres simplemente tú, Londres.














