Vigésimo segundo destino…Portimao!*

Llegamos al Algarve, concretamente a la ciudad de Portimao, el 9 de Septiembre por la noche, ya que tuvimos que hacer trasbordo con el tren para llegar hasta aquí desde Lisboa. Se trata de la región más al sur de Portugal, una de sus zonas más turísticas y destino de playa por excelencia.

La verdad es que estábamos cansadísimas y además el tren se había retrasado, y llegamos a Portimao más tarde de lo previsto. El hostal ya iba a cerrar el check-in, y tuvimos que avisar a la recepcionista para que nos esperase hasta llegar allí porque había sido por causas de fuerza mayor. Se portaron genial y nos dieron la bienvenida con una sonrisa al llegar. Lo cierto, es que casualmente esa noche no había nadie en nuestra habitación compartida, así que estuvimos de lujo sin tener que despertar a nadie, ni estar atentas a nuestras pertenencias. Cenamos algo en el único restaurante que quedaba abierto a esas horas, y nos fuimos a descansar para aprovechar el día de mañana.

Casitas de Portimao

A la mañana siguiente, desayunamos en un precioso patio con vegetación que tenía el hostal en la parte trasera. Nos supo a gloria y nos recargó las pilas para disfrutar del día a tope. Dimos un pequeño paseo por la ciudad (si se le puede llamar así, porque es diminuta -más bien parece un pueblito); y visitamos desde fuera la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción. Nos hacía gracia como todo el mundo utilizaba la Iglesia de referencia para darte indicaciones, incluso los jóvenes… “de la iglesia hacia la derecha”… “más allá de la Iglesia”. Parecía ser el único edificio emblemático que hubiese por la zona. Además, en Portugal, Iglesias siempre hay muchas, pero se referían a la más grande de todas, suponíamos.

Escultura sobre tradiciones

Nosotras íbamos buscando mar, queríamos pasar un día de playa, reencontrarnos con nuestro querido Océano Atlántico. Así que cogimos una guagua (también muy de pueblo) en la que las señoras de la parada se ponen a la sombra mientras se quejan en voz alta de lo que tarda en llegar; y el chófer te dice que le avises de en qué playa te vas a bajar. Y finalmente, llegamos a la ‘Praia da Rocha’. Ya nos empezaba a sonar todo más familiar: kioscos de playa que venden flotadores, pelotas de playa y colchonetas hinchables; personas paseando sin prisa y comiendo helado; gente paseándose en bañador o bikini por la calle; la vida despreocupada, y sentir arena en los pies.

Día de playa
Enormes playas del Algarve
Rica arena bañada por el Océano Atlántico

Pero había algo que fue totalmente nuevo para nosotras y que no descubrimos hasta dar unos cuantos pasos por la arena caliente. Cinco pasos…vale, arena. Diez pasos…vale, mar. Viente pasos…parón en seco…¡hala, mira eso! Una pared de acantilado de pura roca y varias rocas incrustadas y repartidas por el mar. La típica imagen de playa del Algarve, pero que es aún muchísimo más impresionante en persona que en foto.

‘Praia da Rocha’
‘Praia da Rocha’

Después de pasear por la orilla flipando con el paisaje y sacar cientos de fotos, fuimos a almorzar a un restaurante en primera linea de playa, para poder seguir disfrutando de esas vistas mientras comíamos.

Vistas desde el restaurante

En realidad se supone que teníamos cierta “prisa” por irnos a la Estación de Tren, porque debíamos llegar a tiempo para poder coger luego el trasbordo hasta Lisboa nuevamente, porque ya teníamos reservado el tren-hotel de Lisboa a Madrid. En otras palabras, o cogíamos el primer tren desde Portimao a cierta hora, o nos quedábamos en tierra.

Playas que embelesan a cualquiera ^^

Pero es que, aquello era demasiado bonito como para irnos tan pronto, y el paisaje nos tenía embelesadas. Así que nos arriesgamos un poco, y seguimos caminando por la avenida de la playa hasta llegar al Mirador de la ‘Praia dos Três Castelos’. Allí alucinamos con una cala que descubrimos desde las alturas, y me asomé al risco cual baifillo para sacar una buena foto. Las turistas pasaron miedo por mi, viendo donde me puse para sacar la foto. Pero yo no vi peligro, solo veía belleza y quería plasmar ese momento en una imagen para recordarla siempre.

Impresionante cala escondida vista desde el mirador
Como un baifito por el monte
‘Praia dos três Castelos’

Distraídas por tanta belleza del lugar, se nos había echado el tiempo encima. Ya ni caminando, ni en guagua llegábamos a tiempo a la Estación de Tren, así que…ahora si nos entraron las prisas. Corre, piensa, plan B. Pues un Taxi, pero resulta que de eso tampoco abundaba aquí. Tuvimos que esperar bastante para que apareciese uno, o al menos a nosotras nos pareció eterno porque ya el ‘tic tac’ nos resonaba en la cabeza.

¿Cómo irte de un sitio así de bonito?

Por lo pelos pero sí, llegamos a tiempo justo para ir a buscar las maletas al hostal; hacer el check-out más apresurado que he hecho jamás; seguir con el taxi hasta la Estación de Portimao y subirnos al tren. Apuradas, pero todo salió bien. Primera escala: Tunes. Con ‘S’ que no con ‘Z’. Como el ‘iTunes’ pero sin ‘i’. Bueno vale, ya lo pillaron…Tunes en Portugal. Resultaba ser un pueblo con unos dos mil habitantes, una mini Estación de Tren al aire libre donde a penas cabía un tren, y absolutamente nada de vida alrededor. Pues resulta, que cuando fuimos a validar el pase, nos informan que ya no quedan asientos libres en ese tren. Le pregunto a la chica que cuando es el siguiente, y me dice que mañana. ¿¡Mañana!?…pero si tenemos que estar en Lisboa esta misma tarde, si o si.

Tanta belleza nos empezaba a costar caro, ups

En fin, las cosas se empezaban a truncar. Estas cosas pueden; y de hecho, suelen pasar en los viajes largos. Era raro que no nos hubiese pasado antes. Piensa, piensa, piensa. Pero más que pensar, en estos casos es mantener la calma y actuar. Buscamos guaguas hasta Lisboa, no había. ¿Un taxi?, no había casi taxis y salía carísimo. ¿Alquiler de coches?, no había. ¿Autostop?, no sé quien nos podía recoger allí si no había nadie. Vale, las opciones se nos acababan y la tensión crecía, aunque mezclada con adrenalina también; tenía su punto. De repente, llegó el que debería haber sido nuestro tren pero que iba lleno, y la gente comenzó a subirse. Se bajaron los revisores y demás empleados. Actuar, actuar, actuar – pensamos. Así que fuimos corriendo hacia el revisor, y con un poco de cara de ‘gatito de Shrek’ y con mucha humildad, le contamos nuestra situación. También había otro grupo de australianos intentando que se apiadaran de ellos. Al principio nos dijeron que no podían hacer nada, que no había asientos libres. Pero al final, conseguimos convencerle y nos dijo que sí, pero que deberíamos ir de pie en una zona de paso cerca de la maquinaria. Esas palabras sonaron mejor que la lluvia cuando hay sequía, porque significaba que habíamos salvado nuestro plan.

Salvadas por los pelos, subimos al tren rumbo a Lisboa

Fuimos durante todo el viaje de pie, intentando sentarnos en las maletas o en el suelo. Las únicas vistas al paisaje eran por una ventana con hierros que lo tapaban (parecía que nos habíamos portado mal e íbamos en una cárcel-tren). Bromeando con los australianos y haciendo de “conserjes”, abriendo la puerta corredera del baño a todo el que quería entrar; pasamos las casi cuatro horas que duraba el viaje, hasta llegar a Lisboa, por tercera vez en este viaje.

Mis green-bártulos viajando a lo mochilera total
Sintiéndome la maquinista, con la preciosa ventana tipo cárcel de fondo

Y ya en Lisboa, cogimos el tren-hotel nocturno para llegar a la mañana siguiente a Madrid; esta vez sí, para quedarnos ya allí a empezar una nueva vida.

En la ‘Estación de Oriente’ (Lisboa), esperando el tren-hotel rumbo a Madrid
A dormir con el traqueteo que mañana amanecemos en Madrid

Fin del Viaje Interrail 2019.

Wiii, hemos completado el viaje
Fin del Viaje Interrail 2019 – logro conseguido 😀

Deja un comentario