Decimoquinto destino…Interlaken!!*

El 26 de Agosto, tras casi seis horas de tren, pasamos de la alocada y caótica Italia, a la sosegada e impecable Suiza. Quisimos innovar y nos quedamos en una ciudad muy poco conocida. ¡Y vaya descubrimiento…Fue amor a primera vista!

Vistas al Lago Thun desde el tren

Ya faltaba poco para llegar a nuestro destino, pero teníamos mucha hambre, así que comimos en el tren con vistas a Suiza. Ya antes de pisar ese país lo habíamos saboreado, porque nos pedimos de postre una tarta de chocolate con chocolate suizo fundido por encima. Y tengo que decir que el país es igual de delicioso en sus vistas como en sus sabores.

Delicioso chocolate suizo

Pasamos allí tres días muy bien aprovechados, donde exprimimos al máximo todo lo que había que hacer, en aquella pequeña ciudad. La bautizamos como la ‘ciudad kinder’. El motivo de ese mote es porque todo el mundo era increíblemente amable, respetuoso, sonriente, limpio, sosegado. Todos los coches frenaban en seco para dejar pasar al único peatón que había. La gente por la calle te sonreía y te saludaba. Todo estaba impecable y olía bien. Los niños iban solos al cole en bici, caminando o en guagua porque no había peligro y ya eran independientes. Todo el mundo parecía feliz y en paz.

La felicidad ‘kinder’ se pega

Es de esas ciudades en las que seguramente el índice de delincuencia ni saben lo que es, y donde buscas una cámara que estuviese grabando porque es demasiado bonito para ser verdad. Parecía que nos habíamos adentrado en una de esas películas alemana-suiza que a mi madre le encanta ver los domingos por la tarde en tve, en las que todo parece ‘perfecto’ e ‘ideal’, donde todos son rubitos, con ojos azules, felices, con dinero y una buena vida, y nadie discute. Me reía de esas películas, pero es que resulta que en Interlaken todo eso era una realidad.

Se respira paz en Interlaken

Interlaken pertenece al cantón de Berna, rodeada por montañas alpinas y atravesada por el río Aar. Su nombre no tiene mucha ciencia, se llama ‘entrelagos’ porque está entre el Lago Thun y el Lago Brienz. Y tiene a penas unos seis mil habitantes.

Río Aar

Hubo cuatro cosas que nos llamaron mucho la atención de la ‘poco conocida’ Interlaken: que todo en ella parecía sacado de una postal; la limpieza y amabilidad; que las guaguas locales pertenecían a la Swiss Post (el Correos de allí); y que estaba lleno de coreanos. Yo creo que más de la mitad de personas que vimos eran coreanos. Incluso había escrito en coreano muchos carteles, restaurantes, y tiendas. Se habían apoderado de la ciudad. Aunque no me extraña nada, sabiendo que a los orientales siempre les ha encantado los paisajes suizos – sino miren los dibujos de Heidi – y no es para menos, los paisajes suizos parecen sacados de una postal.

Las guaguas son de ‘Correos’ (jaja)

Desde nuestro hostal se veía las tranquilas calles de Interlaken con sus conductores amables y sus peatones felices y obedientes; una gran explanada de césped donde los parapentes aterrizaban; y a lo alto de la montaña, suspendido en el aire, el mirador ‘Harder Kulm’ a 1322 metros de altura y con vistas a esa preciosa ciudad entre dos lagos y sus montañas nevadas.

Vistas desde la habitación

La primera tarde subimos en teleférico panorámico al mirador y cenamos en su restaurante vertiginoso con unas vistas que quitaban el aliento, y unos precios que lo quitaban aún más. Desde las alturas disfrutamos de un espectáculo folclórico suizo con campanas, acordeón, trompa alpina y la tía de Heidi llamándole desde las alturas con su canto del “Tirol”.

La vaca lechera
Restaurante en el Mirador Harder Kulm
Folclore tradicional suizo en las alturas
¿Quién dijo vértigo?

En dos ocasiones cruzamos en barco el Lago de Brienz para llegar hasta su pequeña ciudad. La primera vez fuimos para comer allí e ir a su “playa” de piedras en el congelado lago. Y sí, a pesar de que eran aguas glaciares caídas directamente de los Alpes, fuimos valientes y nos metimos al agua aunque saliésemos temblando.

Cruzando el Lago Brienz
En la «playa» de Brienz, con el tren pasando al lado

La segunda vez que cruzamos el lago en barco fue para visitar Ballenberg: el museo al aire libre de tradición suiza con edificios tradicionales representando a cada uno de los cantones suizos, animales de granja, y actividades artesanales en las que se podía participar.

Museo Ballenberg al aire libre
Participando en labores de artesanía tradicional suiza

Sin duda, Interlaken no deja indiferente a nadie. Es exquisita y preciosa la mires por donde la mires. Fue uno de los grandes descubrimientos de este largo viaje. Un lugar que nos sorprendió y nos enamoró desde el primer momento.

Interlaken de noche

Wir lieben Interlaken!

Interlaken ^^
Paisaje suizo

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