¡La aventura continúa!*

Llegamos a Madrid el 01 de Septiembre de 2019. Se supone que nuestra aventura Interrail 2019 ya había terminado. Pero hubo varios motivos que nos motivaron a querer continuar. Y allí estábamos en nuestra habitación de la casa compartida de Airbnb, en Madrid, reservando billetes de tren para salir nuevamente en tres días…viajar es adictivo.

Como diría Shakira: «Ay me voy otra vez. Ahí te dejo Madrid»

Y así, tras solo tres días de descanso, salíamos de noche el 04 de Septiembre a la estación de Chamartín, para subirnos a nuestro primer tren nocturno. Estábamos emocionadas porque el ‘super viaje’ continuaba. Nuestra habitación del tren era cuádruple, en ella viajaban una madre con su hija, portuguesas. La niña era muy simpática y curiosa, mirando todo lo que hacíamos. Me encanta ir en tren, de día, de noche o a cualquier hora. Pero es verdad que dormir en tren, con el traqueteo, relaja a la vez que incomoda. Nos dábamos cocazos contra la pared, y golpes contra los lados. Era gracioso dormir así, o al menos a mi me lo parecía. Daba ganas de atarse con la cuerda de la cama, cual loca en un manicomio, para no rebotar con el movimiento del tren. Al final, conseguimos quedarnos profundamente dormidas.

Emocionadas porque el viaje continúa, wiii

Diez horas después, acompañado por el sonido de una campana, un señor portugués nos toca la puerta a la vez que pronuncia “Bom dia!”. Abro ligeramente los ojos, restregándomelos y estirándome; extrañada, sin entender muy bien donde estoy o porqué todos hablan portugués. Y de repente recordé que estaba en un tren nocturno y que ya estábamos en Portugal, a 15 minutos de Lisboa. Debíamos recoger nuestras cosas para bajarnos en breve.

Nos lo tomamos con calma, pensando que la ‘Estación de Oriente’ era la última, pero resulta que el tren seguía más allá. Y cuando se detuvo en esa estación, miramos por la ventana y nos dimos cuenta que era la ‘Estación de Oriente’. Así que, salimos escopetadas, casi tirando las maletas hacia fuera y con las legañas aún en los ojos. La claridad nos deslumbraba, y el frío intenso a esas horas de la mañana nos despertó de golpe. Y ya en el andén, el tren se fue, y sonreímos alucinadas diciendo: “¡Estamos en Lisboa!” Miraba a mi alrededor, y era como un ‘deja vu’, recordaba perfectamente cada rincón de aquella estación, donde había estado hace ocho años.

Habitación del tren nocturno

Pero aquí estábamos, por ahora, solo para hacer una breve escala. Así que fuimos a desayunar a la estación y nos subimos a otro tren que nos llevaría hacia el norte de Portugal, a la ciudad donde íbamos a quedarnos durante los próximos días: Aveiro.

Ay, Portugal..ya no recordaba tus adoquines ^^

Deja un comentario