Decimoséptimo destino…Lyon!*

La noche del 29 de Agosto, tras la visita a Ginebra, llegamos en tren a la ciudad de Lyon. Antigua capital de la Galia durante el Imperio Romano (entonces llamada Lugdunum), y actualmente la tercera ciudad más importante y poblada de Francia . Además, fue la cuna del cine con la primera proyección cinematográfica por parte de los hermanos Lumiére.

Tradicional foto con alcantarilla en Lyon

Estábamos bastante cansadas de tanto caminar durante el día, y del trayecto en tren, y la verdad que solo queríamos llegar al hostal y descansar. Pero aún no habíamos cenado nada, así que al llegar al hostal hicimos el check-in -el recepcionista resultaba ser canarión, así que hablamos un rato con él-, le pedimos un mapa para organizar el día de mañana y buscamos un sitio para cenar. Era un poco tarde y estaba casi todo cerrado, excepto un restaurante buffet hindú. No sabíamos si era de fiar, pero las tripas nos rugían como el león de Lyon, y empezábamos a estar de mal humor, así que cenamos allí. ¡Delicioso y casero! De camino al hostal hicimos una videollamada familiar y tras organizar lo que haríamos mañana, nos fuimos por fin a dormir.

Paisajes de Lyon

A la mañana siguiente nos despertamos un poco tarde por el cansancio acumulado, y ya se había pasado el horario del desayuno en el hostal (que acababa muy pronto), así que tuvimos que salir a la calle a buscar algún lugar para desayunar. Pero nos habíamos olvidado de cómo eran los franceses, y aunque en Lyón eran mucho más simpáticos que en París, seguían siendo muy cerrados para algunas cosas. Una de ellas siendo los horarios de las comidas.

Según los franceses, ya era demasiado tarde para el ‘petit déjeuner’ (desayuno), y demasiado pronto para el ‘déjeuner’ (almuerzo). Así que básicamente, según ellos, debíamos quedarnos con hambre hasta que fuese una hora “decente” para comer. Nos recorrimos decenas de calles, entrábamos a restaurantes y cafeterías preguntando si nos podían servir algo de comer y miraban sus relojes a la vez que pronunciaban un ‘non’ rotundo, sin ofrecernos alternativa alguna. Y así, calle tras calle, caminando en ayunas y el mosqueo aumentando, hasta que por fin encontramos una cafetería moderna en la que si servían todavía desayunos y además con postre artesanal. Nos supo a gloria el zumo de naranja, las tostadas con mantequilla, la leche de avena con cacao, el dulce artesanal; pero sobre todo, nos supo a gloria ese ‘oui’ saliendo de la boca de un francés.

Delicioso pastel artesanal elaborado in situ

Ya con las energías recargadas, comenzamos la caminata del día. Pero como hacía tanto calor, paramos en un parque a beber agua y descansar bajo la sombra. Ya se avistaba al horizonte el final de este gran viaje Interrail, agotador a la vez que adictivo, tras 40 días viajando de manera itinerante. Y la idea de que estuviese llegando a su fin nos descolocó. Entonces se nos ocurrió alargarlo una vez llegásemos a Madrid; reservarlo todo y continuar el viaje para aprovechar el pase Interrail al máximo -ya que lo teníamos válido durante dos meses en total-. Pero para descubrir como continuó el viaje improvisado tendrán que esperar a próximos capítulos. Solo he hecho un adelanto para que supiesen que la idea de agrandar el viaje surgió en un parque cualquiera de Lyon.

A veces sentarse a descansar en un parque es una idea «peligrosa» para dos viajeras empedernidas, que deciden que 40 días de viaje les parecen poco.

Llegamos al fin, al Museo de las Confluencias, ubicado donde se abrazan el Río Ródano y el Río Saona. Es un museo de historia natural y de las sociedades, que estuvo interesante e interactivo. Además, la arquitectura del propio museo era una pasada, por no hablar del lugar donde está situado y las vistas que brinda desde la terraza.

Vista panorámica desde la terraza del Museo de las Confluencias
Arquitectura increíble y vistas desde el museo

En los alrededores del museo, y rodeado por ambos ríos, estaba la famosa escultura turística para posar delante de ella bajo el lema de ‘Only Lyon’. En la que, por supuesto, no dude en sacarme varias fotos a pesar del calor abrasador que hacía ese día.

Subida al león
LYON

Tras visitar el museo fuimos hacia el casco antiguo. Vimos la Plaza de Saint Jean y la Catedral. Cruzamos la pasarela de Saint Georges y subimos en funicular hasta la Basílica de Notre Dame de ‘La Fourvière’, que corona la colina que lleva su mismo nombre. Si ya era espectacular desde lejos, desde cerca lo era aún más. A escasos metros, se encuentra la ‘Torre Fourvière’, que recuerda a la Torre Eiffel, en versión mini.

Catedral de Lyon
Pasarela de St. Georges
A lo alto de la colina, la Basílica y Torre de ‘Fourvière’
Basílica de Notre Dame de Fourvière

En los alrededores de la Basílica hay un increíble mirador a la ciudad de Lyon. Y no muy lejos de aquí, yacen los restos del Antiguo Imperio más visibles de la ciudad, el Anfiteatro y el Odeón romano. Y sentarse en las gradas del Anfiteatro, con vistas a la moderna y bohemia ciudad de Lyon, sintiéndote a caballo entre la antigüedad y la modernidad.

Mirador a la ciudad desde la Basílica
Anfiteatro romano con vistas a la ciudad

Lyon es una ciudad vibrante; que ruge, bohemia, multicultural; una ciudad que respeta su historia a la vez que se adapta al mundo moderno, cambiando su melena para la ocasión, así es Lyon.

Paseando por las calles de Lyon

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